Missionary Oblates of Mary Immaculate - Newsroom

<<It's Never Too Late for Love

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Father Ronald Cairns, O.M.I. is the Provincial of the Oblates’ Northern Province of South Africa.  Here he reflects on an act of violence that turned into an actof charity.

Last night, after a beautiful Oblate celebration in Germiston where we received 12 new novices, I was on my way home when I was carjacked in a suburb called Kew.  As I stopped at the traffic light, suddenly I saw a young man in the front of my car pointing a gun at my head.  The next moment, another young man also pointed a gun at my head.  They pulled me out of the car and the two jumped in and drove off.

Cars kept going by and nobody stopped to assist me.  But suddenly two young men under the influence of alcohol and drugs rushed up to me and said: “My priest, my beautiful priest.”  It so happened that one of these guys had been an altar server of mine.  He now lives in Soweto and recognized my Oblate Cross.

These two guys (drug dealers) took me on a long walk to their house where there were people who were also drunk or under the influence of drugs.  They gave me water and food.  They then made arrangements for a neighbor with a car to take me back home.  While we waited for the car to arrive, they asked me to bless and pray for them.  I was able to share with them for a while, and beg them to change their ways.  They promised to come to next Sunday’s Mass.  

The news had somehow gone viral, and on my return home two priests and many people were waiting anxiously for me.  They took me to the police station and for hours I had to write statements.  Then a detective saw my Cross and said: “You are an Oblate?”   He grew up at an Oblate parish in Soweto.  Then things moved much faster.

I don’t know why the Good Lord and Our Lady permitted the car to be hijacked.  But through the protection of my Guardian Angel, and our Oblate founder St. Eugene De Mazenod, the Good Lord protected me.  Normally these carjackers shoot you dead.  But they didn’t even take my wallet, or steal my Oblate Cross to melt it down to sell for money for drugs.

So here I am safe and sound.  The Lord sent me helpers so I would not be stranded.  I am alive and not hurt.  Although exhausted from it all, I feel a deep inner peace and gratitude.  It is amazing how God works.

 

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El Padre Ronald Cairns, O.M.I. es Provincial de la Provincia Norte de Sudáfrica de los Oblatos.  Comparte con nosotros su reflexión de cómo un acto de violencia se volvió un acto de caridad.

Anoche, después de una hermosa celebración de los Oblatos en Germiston, en la que recibimos a 12 nuevos novicios, iba camino a casa, cuando robaron mi auto en un  suburbio llamado Kew.  Al detenerme en el semáforo, repentinamente vi a un joven frente al auto apuntando un arma a mi cabeza.  Un momento después otro joven también me apuntaba a la cabeza. Me sacaron del auto, ambos entraron y se lo llevaron.

Los carros pasaban de largo sin que nadie me ayudara.  Pero de pronto dos jóvenes bajo la influencia del alcohol o drogas se me acercaron diciendo: “Mi sacerdote, mi hermoso sacerdote.”  Y resultó que uno de ellos había sido mi monaguillo.  Ahora vive en Soweto y reconoció mi Cruz Oblata.

Los dos jóvenes (narcotraficantes) me llevaron en una larga caminata a su casa, donde también había gente bajo la influencia del alcohol o drogas.  Me dieron comida y agua y arreglaron que un vecino me llevara en auto de vuelta a casa. Mientras esperábamos que llegara el auto, me pidieron darles la bendición y pedir por ellos.  Pude convivir con ellos un rato y rogarles cambiar sus hábitos.  Prometieron ir a Misa el próximo domingo. 

La noticia se hizo viral de alguna forma y a mi llegada a casa, había dos sacerdotes y mucha gente esperándome con preocupación.  Me llevaron a la estación de policía, donde escribí declaraciones por cuatro horas.  Luego un detective vio mi Cruz y dijo: “¿Es usted Oblato?” Había crecido en una parroquia de los Oblatos en Soweto.  Así, todo fue más rápido.

No sé por qué el Señor y Nuestra Madre permitieron el robo del auto, pero Dios me cuidó a través de la protección de mi Ángel Guardián y de nuestro fundador Oblato, San Eugenio De Mazenod.  Usualmente los ladrones te disparan y asesinan, pero ni siquiera se llevaron mi cartera ni Cruz Oblata para fundirla y obtener dinero para drogas.

Así que aquí estoy, sano y salvo.  El Señor me envió ayuda para no quedar desamparado.  Estoy vivo y sin daño. Aunque exhausto por todo ello, siento una mayor paz interna y gratitud.  Es increíble cómo Dios se hace presente.

<<Nunca es Demasiado Tarde para el Amor

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