MadagascarMinistering In Madagascars Darkest Valley

In 2016 the Missionary Oblates accepted the challenge of ministering in the village of Befasy, Madagascar.  Several other religious communities had backed out of working there.  It was just too dangerous and difficult – but not
for the Oblates.

“Since we moved into this village, the security situation in Befasy has completely deteriorated,” said Fr. Marek Ochlak, O.M.I. pastor at St. Therese of the Child Jesus Parish.  “Thanks be to God, so far, the bandits are afraid of the Church and the religious.  There has been no attack on our houses or on our church.  People even flee to our church to be safe.”

The Oblates run their parish in Befasy along with three small chapels located in the rural bush area.  When the Oblates arrived, there were only about 40 practicing Catholics in the area.  Today about 200 people attend Mass on Sunday.

Most of the people in the parish are from the Sakalavas tribe but there are other tribes represented, giving the parish a diversity of customs and traditions that are woven into the liturgies.  The people are primarily farmers who tend to cattle, pigs, goats and fowls.  Almost none of the parishioners have cars, relying on two-wheeled wagons pulled by bulls for their transportation.

Madagascar 2Healthcare is almost non-existent in Befasy.  There is technically a hospital in the village, but it is little more than a “hospital” sign on a building where a doctor shows up just a few days out of the year.

“About 80 percent of our people do not have lights or running water in their homes,” said Fr. Marek.  “Seventy-five percent of them cannot read or write.”

One of the first community improvements undertaken by the Oblates was to improve the education of local children.  Teachers at the public school were overwhelmed with classrooms filled with students of all different ages and grade levels.  Supplies were almost nonexistent.  The school didn’t even have enough benches for the students so some had to sit on the floor doing their assignments in the dirt.

Today, the Oblates oversee a Catholic school in Befasy that has about 150 students.  While the education is still very basic, it is a significant improvement over the previous education offered to local children.

While life inside the Oblate missions has improved over the past two years, the safety of people in the village has deteriorated significantly due to the increased number of bandits terrorizing villagers.  The bandits steal cattle, burglarize homes and are not hesitant to kill anyone that gets in their way.  The most recent attack involved a mother being killed and her child murdered with an axe, all to get about $100 worth of rice and kitchen supplies.

Father Marek said the local police station is corrupt and of little help.  Most residents have had to resort to defending themselves and retaliating with violence.

“There was a young man arrested for robbery.  The people wanted to kill him, but his father intervened and saved his son’s life.  Unfortunately, the young man again began to steal several more times and the father got tired of saving him.  The father himself executed his own son with an axe,” said Fr. Marek.

Despite all of the dangers and hardships, Fr. Marek is thrilled to be a missionary in Befasy.  A former administrator for the Oblate congregation, he could be serving today in a safe and relatively comfortable ministry.  Instead, he chooses to live and work with some of the poorest people in the world.  He embodies Psalm 23:4: “Even though I walk through the darkest valley, I will fear no evil, for You are with me.”

“God alone is our protection and our help in the face of insecurity,” said Fr. Marek.  “I ask those who are reading this that you always pray for our mission, for its safety and for safety throughout Madagascar.  Praised be Jesus Christ and Mary Immaculate!”

MadagascarEn Ministerio en el Valle de Sombra y Muerte en Madagascar

En 2016 los Misioneros Oblatos aceptaron el desafío de trabajar en la aldea de Befasy, Madagascar. Varias otras comunidades religiosas se habían retirado del lugar. Era muy peligroso y difícil – pero no para los Oblatos.

“Desde que llegamos a este lugar, la seguridad en Befasy se ha deteriorado por completo,” comentó el Padre Marek Ochlak, O.M.I. pastor en la parroquia Santa Teresa del Niño Jesús. “Gracias a Dios, los bandidos temen a la iglesia y los religiosos. No hemos tenido ataques a nuestras casas ni a la iglesia, adonde incluso las personas llegan para estar a salvo”.

Los Oblatos se encargan de la parroquia en Befasy y de otras tres pequeñas capillas localizadas en el área rural. Cuando los Oblatos llegaron, había solo cerca de 40 católicos practicantes en el área. Actualmente, cerca de 200 personas asisten a la Misa dominical.

La mayoría de las personas en la parroquia provienen de la tribu de los Sakalava, aunque hay otras tribus representadas, llevando a la parroquia una diversidad de costumbres y tradiciones, que son integradas a las liturgias. Los habitantes se dedican principalmente a la cría de ganado y casi ninguno de ellos tiene automóvil, dependiendo para su transporte de carretas de dos ruedas, jaladas por bueyes.

Madagascar 2La atención médica es casi inexistente en Befasy. Técnicamente la aldea cuenta con un hospital, aunque es solo un edificio con un letrero de “hospital”, adonde llega un doctor solo algunos días al año.

“Cerca del 80 porciento de nuestra gente no cuenta con electricidad ni agua potable en sus casas,” dijo el P. Marek. “Setenta y cinco porciento no sabe leer ni escribir.”

Una de las primeras mejoras a la comunidad a la que se han dedicado los Oblatos fue la educación de los niños del lugar. Los maestros en la escuela pública estaban sobrepasados por los niños que llenaban sus salones, de diferentes edades y niveles escolares. Los suministros eran pocos. La escuela no contaba con suficientes bancas para los estudiantes, por lo que algunos debían sentarse en el piso y hacer su tarea sobre la tierra.

Actualmente, los Oblatos supervisan una escuela católica en Befasy, con cerca de 150 estudiantes. Aunque la educación sigue siendo muy básica, la mejoría es notable respecto a la educación que recibían los niños anteriormente.

No obstante que la vida interna de las misiones Oblatas ha mejorado en los últimos dos años, la seguridad de la gente en la aldea se ha deteriorado de forma importante, debido al creciente número de bandidos que aterrorizan a los habitantes, robando su ganado, casas e incluso asesinando a quienes se puedan interponer en su camino. El ataque más reciente fue a una madre y su hijo con un hacha, solo para obtener un botín de cerca de $100 de arroz y abarrotes.

El Padre Marek dijo que la policía local es de poca ayuda, pues son corruptos. La mayoría de los residentes solo han tenido la opción de la autodefensa y respuesta a la violencia.

“Un joven fue arrestado por robo. La gente quería lincharlo, pero su padre intervino y le salvó la vida. Desafortunadamente, el joven siguió robando y el padre se cansó de salvarlo, ejecutándolo él mismo con un hacha”, dijo el Padre Marek.

A pesar de todo el peligro y las dificultades, al P. Marek le encanta ser misionero en Befasy. Anteriormente fue administrador para la congregación de los Oblatos y podría seguir en un ministerio seguro y relativamente cómodo. En vez de ello, eligió vivir y trabajar con algunos de los más pobres en el mundo, personificando al Salmo 23:4: “Aunque ande en valle de sombra y muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.

“Solo Dios es nuestra protección y ayuda ante la inseguridad,” dijo el P. Marek. “Pido a quienes lean esto, pedir siempre por nuestra misión, por su seguridad y por la seguridad en todo Madagascar. ¡Alabado sea Jesucristo y María Inmaculada!”