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migrantsOblates Respond To Tijuana Migrant Crisis

During the migrant crisis in Tijuana, BC Mexico six Missionary Oblates have been responding to the thousands of desperately poor as best they can.  Below are excerpts from recent communications with Fr. Jesse Esqueda, OM.I. one of the Oblates working in Tijuana to bring relief to the migrants:

“Most of the migrants are staying at a shelter.  The shelter was originally close to the border, but after some of the migrants tried to cross over they moved the shelter further away.  The shelter is now about 40 minutes from the border and about 10 minutes away from where we live.  The shelter is much better now, part of it is indoors and that’s where they are putting women and children.  But most of the people are outside.  They say there are about 6,000 people in Tijuana.  They have many needs: food, drinking water, socks, everything.  They have arrived here from a long and dangerous journey and they have almost nothing.”

“We have heard of a few instances of violence, but the great majority of them are very respectful, and are just trying to escape a difficult situation in their countries.  They are willing to wait their turn and see if they have a case for asylum.  The waiting part is very difficult because they don’t have work and they need something to do.”

“We have about 20 migrants staying with us for now.  That number includes four women, four children and 12 men.  As we get to know them, they tell us their stories and it’s very moving.  They’ve come from a very painful past, they’re seeking a safer, better life for their families.  We’ve asked what they will do if they can’t get into the U.S., will they stay in Mexico?  They say definitely yes they will stay in Mexico, they don’t want to go back to their country because of the violence and gangs.”

migrant shelter“I am very moved by our parish community here in Tijuana.  Even though they themselves are very poor, they’ve been bringing clothes and shoes and blankets, different things they have at home, whatever they can spare to help.”

“We go to the refugee camp (shelter) several times a week to take blankets, socks, underwear and food.  On Saturday our young adults together with the migrants staying with us cooked a traditional Honduran meal (Baliadas) and we took them to the camp.  Recently we took our migrant friends to Walmart to buy them clothes, shoes and hygiene supplies.”

“There has been a lot of talk and news coverage about the migrant caravan staying in Tijuana.  It has been a very political issue, but regardless of your views about this issue there are thousands of people (children, women and men) who are in desperate need of food, water, clothing and shelter.  They are staying outdoors in tents and wait in very long lines to get a little food.”

“It started raining in Tijuana which will make the next few days extremely difficult for all of them.  We are giving shelter to a group of children, women and young adults at our Youth Retreat Center.  I ask that you pray for the safety of everyone, especially the children!”

“For I was hungry, and you gave Me something to eat; I was thirsty, and you gave Me something to drink; I was a stranger, and you invited Me in.”
(Matthew 25:35)

migrants“Vengo de los confines de la tierra.”

Como líder la Diócesis de Churchill – Bahía Hudson en Canadá, el Obispo Anthony Krotki, O.M.I. está a cargo de una de las mayores y más pequeñas diócesis en el mundo.

Por tierra, la diócesis abarca cerca de 2.24 millones de km2 de territorio, básicamente Inuit.  En términos de población, solo hay 9,000 católicos viviendo en misiones aisladas, llamadas Whale Cove, Arctic Bay y Coral Harbour.

“Es un lugar difícil para vivir, por lo que no nos ocupamos mucho del resto del mundo,” dijo el Obispo Tony.  “Pero el Norte es un lugar de alegría increíble, pues nunca estamos solos; somos siempre parte de una fuerte familia Inuit.”

Justo un año después de ser ordenado en su nativa Polonia, el P. Tony llegó al Ártico canadiense en 1990, para trabajar en algunas de las misiones católicas más aisladas. Trabajó como pastor de varias iglesias de misión antes de ser nombrado obispo local, en 2013.  Su diócesis completa incluye a solo siete sacerdotes, de los cuales cinco son Misioneros Oblatos.

Los Oblatos han trabajado en el norte de Canadá por más de 100 años. El duro clima hace de sus ministerios algunos de los más difíciles en el mundo.

El Obispo Tony experimenta la rudeza del clima a menudo, incluso en una experiencia cercana a la muerte, cuando su vehículo para nieve se descompuso en un viaje de 8 horas a una misión. Navegando con la Estrella del Norte en temperaturas bajo cero, el Obispo Tony eventualmente llegó al lugar de la misión varias horas tarde, casi perdiendo la vida por congelación.

migrant shelter“En algún momento de esta situación no tenía sensación en la cara. Pensé que era el fin”, dijo el Obispo Tony.  “Todo lo que podía hacer era rezar y buscar la Estrella del Norte para guiarme, y Dios me llevó a la seguridad.”

El Obispo Tony dice que la gente que vive en estas pequeñas aldeas aisladas son los más resilientes que ha conocido.  Una joven pareja, Yolanda y Levi, le recuerdan al Obispo Tony que sin importar las dificultades que encontremos en nuestro camino, podemos superarlas con la ayuda de la familia Inuit y de Dios.

Yolanda y Levi vieron morir a cinco hijos y perdieron la esperanza. Al hablar con el Obispo Tony, decidieron intentar de nuevo y tuvieron un hijo, a quien nombraron Tony en honor del obispo. En el hospital en Ottawa, Yolanda tocaba himnos cantados por el Obispo Tony en su lengua nativa, para que el pequeño Tony aprendiera parte de su cultura al volver a la aldea.

Tony falleció siete meses después y fue devastador para la joven pareja, el obispo Tony y toda la familia Inuit.  Al reunirse la gente en casa de la pareja, el obispo Tony se vio tan afectado que no pudo hablar con nadie, yendo a sentarse a un lado de la habitación. Entonces llegó una niña de cinco años y abrazándolo, le dijo las palabras de mayor consuelo posible: “Tony, te quiero”.

“La pequeña niña me abrazó tan fuerte que no podía respirar,” dijo el Obispo Tony.  “Fue como si Dios me hubiera dado un estrujón para recordarme que soy querido y que todo estaría bien.”

Al viajar por el extenso Ártico, el Obispo Tony lleva un báculo hecho de una rama de un ciruelo de un vecino en su nativa Polonia.  La hermana del Obispo Tony lo mandó hacer para recordar a su hermano dónde comenzó su viaje de fe.  Siendo niño, al Obispo Tony le gustaba cortar ciruelas de ese árbol.

El báculo es simbólico del viaje de fe del Obispo Tony. En uno de sus lados la madera es áspera y tiene varias grietas.  Sin embargo, en el otro lado la madera es hermosa, pulida y limpia.

“Dios puede remover las asperezas y grietas de nuestras vidas, transformándolas en algo hermoso, brillante y maravilloso”, dijo el Obispo Tony.  “Todo lo que debemos hacer es confiar en Él.”