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Father Bonga Majola, O.M.I.

Father Bonga Majola, O.M.I. – A Missionary to the World

In 1852, St. Eugene De Mazenod sent his first missionaries to southern Africa.  Those Missionary Oblates left from the port of Marseille, France never to return to their homeland again.

Today, more than 160 years later, Fr. Bonga Majola, O.M.I. occasionally goes down to the port in Marseille.  As he looks out at the ocean, he says a prayer of gratitude for those early Oblate missionaries.  A native of South Africa, Fr. Majola is the fruit of their labor.  He now helps people discover the wisdom of St. Eugene at the birthplace of the congregation.

“I am truly blessed to be working in this ministry, and grateful for the Oblates before me who paved the way,” said Fr. Majola.

Father Majola is part of the Oblate team ministering at the Eugene De Mazenod International Center in Aix-en-Provence, just a short drive from the port in Marseille.  His ministry includes leading the De Mazenod Experience, an opportunity for participants to discover the Oblate charism in their everyday life of mission and ministry.

Father Majola never expected to be working at the most revered place in the Oblate world, especially so early in his priestly ministry.  He was assigned to the Aix community just two years after his ordination.

Born in South Africa in 1981, Fr. Majola knew very little about the Oblates growing up.  He met the Oblates in college and was drawn to their passion for serving the poorest of the poor.  He entered the novitiate in 2005 and was ordained in 2011 after completing his theological studies at the Gregorian University in Rome.

Father Majola’s first assignment was as an assistant parish priest at St. Charles Borromeo Parish in Victory Park, Johannesburg.  He was mainly responsible for the youth ministry at the parish, and also did vocation ministry in South Africa.

Father Majola then got the shock of his life when he was asked by the Superior General to minister at the Eugene De Mazenod International Center.  Father Majola thought the assignment might have been a mistake.  He didn’t speak a word of French, and admits that he didn’t know much about St. Eugene De Mazenod.

“I always thought of myself as not an ideal Oblate according to St. Eugene’s standards, that if he had been around he would have kicked me out a long time ago,” said Fr. Majola.

Despite his early trepidation, Fr. Majola quickly embraced ministering in Aix.  As a young Oblate, he brings a fresh perspective to the retreats he leads.  Most of the participants are veteran missionaries, and Fr. Majola says he finds much joy when they leave the retreats full of life, hope and recommitted to serving Jesus and His Church.

Father Majola also said that working in Aix has given him a much deeper respect for St. Eugene De Mazneod and the founder’s total commitment to bringing the Good News of Jesus Christ to the most forgotten.

“Saint Eugene’s passionate love for Jesus Christ and the Church inspires me to work hard in deepening my personal relationship with Christ,” said Fr. Majola.  “The way St. Eugene embraced the cross, in its different forms, allowing himself to be formed by it, gives me courage to faithfully carry mine.  Saint Eugene’s thirst for holiness and to do all things for the glory of God and the salvation of souls has given me a new purpose in my life.”

In recent years, Fr. Majola has become the unofficial tour guide of the community, showing visitors the Oblate sites in Aix, St. Eugene’s hometown, and Marseille, where St. Eugene served as Bishop.  In Marseille, Fr. Majola likes to bring visitors to the Basilica of Notre Dame de la Garde, located at the highest point in the city.

With it’s panoramic views, visitors can see for miles across the Mediterranean Sea.  It is a view that was experienced by St. Eugene De Mazenod when he sent his missionaries out to evangelize the world.  And it is the same view experienced today by Fr. Majola, a disciple of St. Eugene, who is evangelizing missionaries from around the world.

Father Bonga Majola, O.M.I.

Misionero para el Mundo

En 1852 zarparon del puerto francés de Marsella los primeros Misioneros Oblatos que San Eugenio de Mazenod envió al sur de África, para nunca volver a su tierra natal.

Hoy, más de 160 años después, el P. Bonga Majola, O.M.I. va en ocasiones al puerto de Marsella. Al mirar hacia el océano, dirige una oración de agradecimiento a aquéllos primeros misioneros Oblatos. Originario de Sudáfrica, el P. Majola representa el fruto de su trabajo y ayuda a las personas a descubrir la sabiduría de San Eugenio en el lugar de nacimiento de la congregación.

“Este ministerio es realmente una bendición y estoy agradecido a los Oblatos que allanaron el camino antes de mí”, dijo el P. Majola.

El Padre Majola es parte del equipo Oblato que trabaja en el Centro Internacional Eugenio de Mazenod en Aix-en-Provence, muy cercano al puerto de Marsella. Su trabajo incluye dirigir la Experiencia De Mazenod, que ofrece a los participantes la oportunidad de descubrir el carisma Oblato en su misión y ministerio cotidiano.

El Padre Majola nunca esperó trabajar en el lugar más venerado en el mundo de los Oblatos, en especial tan pronto en su ministerio sacerdotal, pues fue asignado a la comunidad en Aix tan solo dos años después de su ordenación.

Nacido en Sudáfrica en 1981, el P. Majola sabía poco de los Oblatos en sus primeros años de vida. Los conoció en la universidad y le atrajo su pasión por trabajar con los más pobres de los pobres.  Ingresó al noviciado en 2005 y se ordenó en 2011, tras terminar sus estudios teológicos en la Universidad Gregoriana en Roma.

La primera asignación del Padre Majola fue como sacerdote asistente en la Parroquia San Carlos  Borromeo en Victory Park, Johannesburgo, donde era responsable del ministerio con los jóvenes y del ministerio vocacional en Sudáfrica.   

Luego el Padre Majola tuvo la sorpresa de su vida, cuando el Superior General le pidió trabajar en el Centro Internacional De Mazenod.  El Padre Majola creyó que su asignación había sido por error, pues no hablaba nada de francés y admite no haber sabido mucho acerca de San Eugenio de Mazenod.

“Nunca me consideré un Oblato ideal según los estándares de San Eugenio y que sí él me hubiera conocido, no me habría permitido continuar desde hace mucho tiempo,” dijo el P. Majola.

A pesar de sus dudas iniciales, el P. Majola pronto aceptó el ministerio en Aix.  Como joven sacerdote Oblato, aporta una perspectiva fresca a los retiros que dirige.  La mayoría de los asistentes son misioneros veteranos y el P. Majola comenta que le complace mucho verlos terminar los retiros llenos de vida, de esperanza, y comprometidos de nuevo a servir a Jesús y a Su Iglesia.

 El Padre Majola también comentó que trabajar en Aix le ha llevado a tener un mayor respeto por San Eugenio de Mazenod y al compromiso del fundador de llevar las Buenas Nuevas de Cristo a los más olvidados.

“El amor apasionado de San Eugenio por Jesucristo y la Iglesia me inspira a trabajar más en profundizar mi relación personal con Cristo,” dijo el P. Majola.  “La forma en que San Eugenio abrazó la Cruz en sus diferentes formas, permitiéndole moldearlo, me da el valor para llevar la mía con fe.  La sed de santidad de San Eugenio y el hacer todo por la gloria de Dios y la salvación de las almas, ha traído un nuevo propósito a mi vida .”

En años recientes, el P. Majola se ha convertido en el guía no oficial del tour de la comunidad, mostrando a los visitantes los lugares Oblatos en Aix, el lugar de origen de San Eugenio y Marsella, donde San Eugenio fue Obispo.  Al P. Majola le gusta llevar a los visitantes a la Basílica de Notre Dame de la Garde, en el punto más alto de Marsella.

En su vista panorámica los visitantes pueden ver varios kilómetros del mar Mediterráneo, la misma vista que tenía San Eugenio de Mazenod cuando sus misioneros zarpaban a evangelizar el mundo. Y esto es lo mismo que el P. Majola siente, como discípulo de San Eugenio, al evangelizar a los misioneros de todo el mundo.