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Oblate Vocation Brett Jerrolds

Oblate Vocation Inspired By Legendary Missionary

The first person to welcome Brett Jerrolds into the Catholic Church was a renowned Missionary Oblate — Fr. Charlie Prass, O.M.I.

Brett was baptized by Fr. Charlie when he was five years old.  The priest had just arrived at his new assignment in Tennessee after more than 30 years of ministering among the poorest of the poor in the Philippines.

After Brett’s baptism, Fr. Charlie and members of the Jerrolds’ family became good friends.  The priest helped family members deepen their faith.  He even predicted that one day one of the three brothers would become a priest.

Brett was not a likely candidate to become that priest.  As a teenager and in his early 20s, he stopped going to Mass and his prayer life was non-existent.  He got a job at a retail store.  Brett was unhappy and felt his life had little meaning.  He had relationship problems and gained weight, eventually weighing over 400 pounds.

“I reached a point where I told myself that I had to get it together, not just my physical health but my spiritual health,” said Brett.  “That’s when I turned to Fr. Charlie for help.”

Father Charlie had passed away in 2011, so Brett began to pray that Fr. Charlie would intercede in his life.  Brett realized he needed to return to the Church.  He started attending Mass daily and went to confession for the first time in ten years.

Through prayer, Brett’s life began to calm down and his future came into focus.  He discovered the importance of silence in front of the Tabernacle and Blessed Sacrament, a silence which continues to be an important part of his prayer life today.

Brett started to exercise and lost more than 100 pounds.  His spiritual life also calmed down and he began considering religious life, remembering Fr. Charlie’s prediction many years earlier that one of the three Jerrold’s brothers would become a priest.

Brett at first went to his parish priest to discuss a possible vocation and considered the idea of becoming a diocesan priest.  But then he began to remember the stories that Fr. Charlie told him about missionary work, and how it was the happiest time of his life.

Father Charlie spent 31 years in the Philippines.  He taught in schools, headed retreat programs and had several administrative assignments.  But the work that was dearest to him was ministering for 20 years as the Chaplain at the National Mental Hospital and at the San Lazaro Hospital for Communicable Diseases.

Conditions in the hospitals were appalling.  The patients were afflicted with various types of skin diseases brought about by poor sanitation and hygiene.  Bedbugs, body lice, cockroaches, flies, mosquitoes and rats were prevalent throughout the buildings.  Father Charlie founded a program that raised funds to greatly improve sanitary conditions in the hospitals.

“I may not have had a natural attraction to a mental health patient or to a ragged, derelict man groveling for help,” said Fr. Charlie.  “But that person is a friend of Christ.  If Christ is my friend also, then we have a mutual friend.”

Reflecting on Fr. Charlie’s wisdom, Brett decided to inquire about joining the Missionary Oblates.  He contacted an Oblate Vocation Director and over a period of discernment decided that his calling fit more into a missionary life than in a diocesan setting.  Brett joined the Oblates’ pre-novitiate community in Buffalo, New York where today he is learning more about the Oblate charism and spirituality.

Every morning Brett spends time in prayer, seeking the Lord’s guidance as he begins his Oblate journey.  And he also says a prayer of gratitude —
for Fr. Charlie.

Oblate Vocation Brett Jerrolds

Vocación Inspirada por Legendario Misionero Oblato

La primera persona en dar la bienvenida a Brett Jerrolds a la Iglesia católica fue un reconocido Misionero Oblato, el P. Charlie Prass, O.M.I.

Brett fue bautizado por el P. Charlie cuando tenía cinco años. El sacerdote acababa de llegar a su nueva asignación en  Tennessee, tras más de 30 años de ministerio con los más pobres en las Filipinas.

Después del bautismo de Brett, el P. Charlie y algunos miembros de la familia Jerrolds se hicieron buenos amigos. El sacerdote ayudaba a la familia a profundizar su fe e incluso predijo que algún día uno de los tres hermanos sería sacerdote.

Brett no era candidato al sacerdocio. Siendo adolescente y en sus veintes, dejó de ir a Misa y no tenía vida de oración.  Consiguió trabajo en una tienda y sentía que su vida tenía poco sentido. Tenía problemas en las relaciones y subió de peso, llegando a pesar más de 180 kgs.

“Llegué a un punto en que me dije que debía ubicarme, no solo en cuanto a la salud física, sino también la espiritual,” dijo Brett.  “Fue ahí que busqué ayuda con el P. Charlie.”

El Padre Charlie falleció en 2011, así que Brett comenzó a pedir la intercesión del P. Charlie en su vida.  Brett se dio cuenta de que debía volver a la iglesia y comenzó a ir a Misa a diario y se confesó por primera vez en diez años.

A través de la oración, Brett comenzó a encontrar paz en su vida y pudo ver su futuro. Descubrió la importancia del silencio frente al Sagrario y la Sagrada Eucaristía, un silencio que sigue siendo parte importante en su vida de oración hoy en día.   

      Brett comenzó a hacer ejercicio y bajó más de 50 kgs.  Su vida espiritual también se tranquilizó y comenzó a considerar la vida religiosa, recordando la predicción del P. Charlie años atrás, de que uno de los tres hermanos Jerrold sería sacerdote.

Al principio Brett fue con su párroco para hablar sobre su posible vocación y consideró la idea de convertirse en sacerdote diocesano. Después comenzó a recordar las historias que el P. Charlie le contaba sobre el trabajo misionero, que había sido lo mejor de su vida.

El Padre Charlie pasó 31 años en las Filipinas enseñando en escuelas, dirigiendo programas de retiro y varias cuestiones administrativas, pero el trabajo que le era más querido fueron los 20 años como capellán en el Hospital Mental Nacional y el Hospital San Lázaro para Enfermedades Contagiosas.

La situación en los hospitales era terrible, los pacientes sufrían de diferentes enfermedades de la piel por la mala sanidad e higiene.  En todos los edificios abundaban las chinches, piojos, cucarachas, moscas, mosquitos y ratas.  El Padre Charlie fundó un programa que recaudó fondos para mejorar en forma importante las condiciones sanitarias en los hospitales.

“Puede que no me atrajera de forma natural un paciente de salud mental o un hombre indigente en harapos pidiendo ayuda,” decía el P. Charlie, “pero esa persona era amigo de Cristo y si Cristo también es mi amigo, entonces teníamos un amigo mutuo.”

Reflexionando en la sabiduría del P  Charlie, Brett decidió preguntar sobre integrarse a los Misioneros Oblatos y contactó al Director Vocacional, y tras un período de discernimiento decidió que su llamado era más para la vida misionera que para la diocesana, por lo que ingresó a la comunidad del pre-noviciado Oblato en Buffalo, Nueva York, donde se encuentra aprendiendo más del carisma y espiritualidad Oblata.

Todas las mañanas Brett dedica un tiempo a la oración, buscando la guía del Señor en su camino como Oblato y no olvida una oración de gratitud al P. Charlie.