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God Has Been Good To Fr. Frank

Father Frank Demers, O.M.I. is smart – very smart.  He is a cannon lawyer who has presided over court cases around the world.  He is a former retreat master who traveled to many countries to teach people a deeper understanding of Missionary Oblate spirituality.

But Fr. Frank doesn’t have to be real smart when asked to summarize his faith.  In fact, he can do it in just three words – God is good.

Recently Fr. Frank celebrated 70 years of Oblate vows.  God has truly been good to him during that time, and in return, he has helped others experience the Good News in their lives.

Father Frank felt a calling to the priesthood when he was in high school.  He went to a retreat that was led by two Missionary Oblates and it was at that time he decided he wanted to join the Oblate congregation.

Father Frank was ordained in 1955 and then spent three years earning a doctorate in Canon Law, becoming one of only a handful of canon lawyers in the United States to have such an advanced degree.  He handled cases for diocese across the country, and also taught at several of the top theology schools in the United States and Canada.

For Fr. Frank, canon law was not something to be confined just to people in the legal community or the world of academia.  It was also a way to help disadvantaged people, and he found them on the other side of the world.

“For three months out of the year I would go to Tahiti and preside at a type of marriage court,” said Fr. Frank.  “I went there every year for 20 years and presided over more than 600 annulments.”

When physical limitations prevented Fr. Frank from traveling to Tahiti, he would be sent cases to review through the mail or Internet.  Since he retired from reviewing cases last year, there hasn’t been a single successful annulment in Tahiti.

Father Frank’s knowledge of church law made him a regular at General Chapters in Rome where Missionary Oblates from around the world would gather to select leadership and plan a course for the future.  Father Frank impressed Oblates so much at the General Chapters that they started asking him to come to their countries and give retreats on Oblate spirituality.

Beginning in the 1980s, Fr. Frank led more than 60 retreats for Oblates all over the world.  His passport was so filled with stamps and visas that he had to have pages added.

Today, at age 91, Fr. Frank lives at the Oblate Residence in Tewksbury, Massachusetts for elder and infirmed Oblates.  Occasionally people will come by the home or contact him for advice, which he gladly offers.

Every morning, Fr. Frank attends Mass at the residence’s chapel.  After Mass he spends time talking with visitors and neighbors who come to the liturgy.  And when they leave he always remind them – God is good.

Our Lady of Guadalupe Church

Dios Ha Sido Bueno con el P. Frank

El Padre Frank Demers, O.M.I. es inteligente, muy inteligente.  Como abogado canónico ha presidido juicios en todo el mundo, además de que como antiguo maestro de retiros, viajó a muchos países para enseñar a la gente a profundizar la comprensión de la espiritualidad de los Misioneros Oblatos.  

El P. Frank no necesita ser muy inteligente cuando se le pide resumir su fe.  De hecho, puede hacerlo con tan solo tres palabras: Dios es bueno.

No hace mucho el P. Frank celebró 70 años de sus votos como Oblato.  Dios realmente ha sido bueno con él en todo ese tiempo, y a cambio, él ha ayudado a los demás a experimentar la Buena Nueva en sus vidas.

El llamado al sacerdocio llegó al Padre Frank cuando estudiaba preparatoria.  Asistió a un retiro dirigido por los Misioneros Oblatos y fue entonces que decidió unirse a la congregación Oblata.

El Padre Frank fue ordenado en 1955 y después estudió el doctorado en Ley Canónica por tres años, convirtiéndose en uno de los pocos abogados canónicos en los Estados Unidos que sustentaban ese alto grado.  Se encargó de casos diocesanos en todo el país y también fue profesor en varias de las principales facultades de teología en los Estados Unidos y Canadá.

Para el P. Frank la ley canónica no fue algo enfocado solo a las personas en la comunidad legal o el mundo académico, sino fue también una forma de ayudar a la gente desfavorecida, donde encontró la otra cara del mundo.

“Cada año iba a Tahití por tres meses, donde presidía en una corte matrimonial”, comentó el P. Frank.  “Fui allá cada año por 20 años y presidí más de 600 anulaciones.”

Cuando las limitaciones físicas del P. Frank no le permitieron viajar a Tahití, recibía casos por correo o por  Internet para su revisión.  Desde que se retiró y dejó de revisar casos el año pasado, ni una sola anulación ha tenido éxito en Tahití.

El conocimiento de la ley eclesial del P. Frank le llevó a participar regularmente en los Capítulos Generales en Roma, donde los Misioneros Oblatos de todo el mundo se reúnen para elegir a sus líderes y planear su trayectoria en el futuro.  El P. Frank dejaba una impresión tan grande en los Oblatos durante los Capítulos Generales, que comenzaron a pedirle ir a sus países y dar retiros sobre la espiritualidad Oblata.

A partir de la década de los 1980, el P. Frank dirigió más de 60 retiros para los Oblatos en todo el mundo. ¡Su pasaporte tenía tantos sellos y visas, que debían añadirle páginas!

Hoy, a los 91 años de edad, el P. Frank vive en la Residencia Oblata en Tewksbury, Massachusetts para los Oblatos mayores.  En ocasiones algunas personas llegan a la casa o lo contactan buscando consejo, que les ofrece con gusto.

El P. Frank asiste a misa todas las mañanas en la capilla de la residencia y después pasa algún tiempo charlando con los visitantes y vecinos que llegan para la liturgia.  Cuando se despide, siempre les recuerda: Dios es bueno.