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Plane Crash

A Ministry That Grew Out Of The Mud

The Missionary Oblate journey of Fr. Paul Hughes, O.M.I. began in the mud.  And for nearly 50 years he has been willing to trudge through the mud to bring the Good News to some of the poorest and desperate people in the world.

Father Paul grew up in Winthrop, Massachusetts near the runway to Boston’s Logan Airport.  When he was about 12 years old, a plane hit a flock of birds and crashed into the mud flats.  When young Paul arrived at the crash site, he saw Missionary Oblates for the first time.

“They were in their bright white cassocks and were climbing through the mud to get to the people to give them last rites,” said Fr. Paul.  “They were filthy, covered with mud, but determined to be with the victims.”

That first observance of the Missionary Oblates made a lasting impact on Fr. Paul.  When he felt called to religious life, he inquired about the Oblates and was drawn to their missionary spirit.  He was eventually ordained an Oblate priest in 1973.

After two years of ministering in Florida, Fr. Paul jumped at the opportunity to become one of the first Oblates to minister in Puerto Rico, and to get his feet dirty.  He spent five years in the country, ministering at parishes and mission chapels that served the poorest of the poor.  He was also introduced to the problems caused by drug lords and cartels, something that would complicate his work for decades.

After Puerto Rico, Fr. Paul spent six years ministering in one of the most infamous drug cities in the world, Cartagena, Colombia.  He arrived to take over a parish of 80,000 people squeezed into a space of just three square miles.  The area was commonly referred to as “the swamp” because it was usually flooded, and mud was everywhere.  It contained virtually no churches or schools and few community amenities.  Father Paul’s predecessor had been shot and killed.

“The area was largely without hope and this is precisely the type of vacuum in which gang culture begins to take control,” said Fr. Paul.  “One of the first tasks was to build a spirit of community among the people.”

In order to build that spirit of community, Fr. Paul decided that he couldn’t be isolated from his parishioners, he needed to experience their poverty firsthand.  In 2000, he gave up his car, and began walking.

“It was liberating to do things in a much simpler way,” said Fr. Paul.  “If you walk with the people, you
really get to know them, and know about their struggles.”

A big priority for Fr. Paul and the Oblates was working with young people who were often the victims of crime and violence.  They provided educational services and set up a scholarship program.  The Oblate churches were not just places for worship but also somewhere children could study.  Living conditions slowly improved and “the swamp” started to become a home.  But there was still a lot of mud.

After six years in the swamp, Fr. Paul spent a year assisting the Oblates in China before accepting an assignment in Tijuana, B.C., Mexico.  He was part of a team of Oblates at the massive La Morita mission which provided for the spiritual and physical needs of about 180,000 people living in the mission’s boundaries.

In 2012, Fr. Paul took on a new challenge of ministering in the mountains of Guatemala.  His parish was connected to more than 70 chapels located in some of the most isolated and impoverished parts of the country.

To get to these chapels, Fr. Paul was constantly hiking or riding a horse in order to bring the Sacraments to people living on the fringe of society.  Often he traveled with a mule carrying his Sacramental items and a few personal belongings.  And there was plenty of mud to cross.

The seven years Fr. Paul spent in Guatemala were very tense because of violence caused by gangs and drug trafficking.  A few years before Fr. Paul arrived in Guatemala, Fr. Larry Rosebaugh, O.M.I. was murdered and other Oblates were injured during a robbery by armed gunmen.

In 2019, Fr. Paul decided to return to the United States to begin a new ministry.  Health issues caused by decades of living in deplorable conditions had begun to take their toll.  Father Paul is currently the Associate Pastor at Immaculate Conception Cathedral in Brownsville, Texas where the Oblates have ministered since 1849.

Father Paul admits that it has taken some time to adjust to the comforts of life in the United States.  He still prefers to keep things simple.  There may not be much mud in Brownsville, but there are still plenty of opportunities for Fr. Paul to help people make their lives better.

Father Paul continues to fulfill the words of Scripture:

“He lifted me out of the mud.  He set my feet on a rock, and gave me a firm place to stand.” Psalm 40:2

Plane Crash

Un Ministerio que Surgió del Fango

El trayecto Misionero Oblato del P. Paul Hughes, O.M.I. surgió del fango, y por casi 50 años ha deseado recorrerlo para llevar la Buena Nueva a algunos de los más pobres y desesperanzados en el mundo.

El Padre Paul creció en Winthrop, Massachusetts, cerca de la pista del Aeropuerto Logan de Boston.  Cuando tenía alrededor de 12 años, un avión golpeó una parvada y se estrelló en la llanura de fango.  Al llegar al lugar del accidente, el joven Paul vio a los Misioneros Oblatos por primera vez.

“Tenían sus brillantes sotanas blancas y se abrían paso en el fango para administrar los últimos sacramentos a las personas”, dijo el P. Paul. “Estaban sucios, cubiertos con fango, pero decididos a estar con las víctimas.”

Esa primera impresión de los Misioneros Oblatos tuvo un impacto duradero en el P. Paul.  Al sentirse llamado a la vida religiosa, averiguó acerca de los Oblatos y le atrajo su espíritu misionero.  Con el tiempo fue ordenado sacerdote Oblato, en 1973.

Tras dos años de ministerio en Florida, el P. Paul aprovechó la oportunidad de ser uno de los primeros Oblatos en trabajar en Puerto Rico.  Pasó cinco años en ese país, trabajando en parroquias y capillas de misión que atendían a los más pobres de los pobres.  También conoció los problemas ocasionados por los traficantes de drogas y los cárteles, algo que complicaría su trabajo por décadas.

Después de Puerto Rico, el P. Paul pasó seis años trabajando en una de las ciudades más afectadas por las drogas en el mundo: Cartagena, Colombia, donde atendió una parroquia de 80,000 personas en apenas un espacio de casi 5 km2.  El área era conocida como “el pantano”, pues normalmente estaba inundada y el fango estaba en todos lados.  Virtualmente no había iglesias ni escuelas y pocas actividades comunitarias.  El predecesor del P. Paul había sido tiroteado y muerto.

“No había mucha esperanza en el área y es precisamente el tipo de vacío del que se empiezan a apoderar las pandillas”, dijo el P. Paul.  “Una de las primeras tareas fue crear el espíritu de comunidad en la gente”. Para ello, el P. Paul decidió que no podía estar aislado de sus feligreses, necesitaba experimentar de primera mano su pobreza.  En el año 2000 renunció a su automóvil y comenzó a caminar.

“Fue liberador hacer cosas de forma más sencilla”, dijo el P. Paul.  “Al caminar con las personas realmente llegas a conocerlas, y a saber de sus dificultades.”

Una gran prioridad del P. Paul y los Oblatos fue trabajar con los jóvenes, que a menudo son víctimas del crimen y la violencia.  Les proporcionaron servicios educativos y establecieron un programa de becas. Las iglesias Oblatas no solo eran lugares para culto, sino también un lugar de estudio para los niños.  Las condiciones de vida fueron mejorando paulatinamente y “el pantano” comenzó a convertirse en un hogar. Aunque aun había mucho fango.

Después de seis años en el pantano, el P. Paul pasó un año ayudando  los Oblatos en China antes de aceptar una asignación a Tijuana, B.C., México como parte del equipo de Oblatos en la extensa misión La Morita, que se encarga de las necesidades espirituales y físicas de cerca de 180,000 personas en el perímetro de la misión.

En 2012 el P. Paul aceptó el nuevo desafío de trabajar en la sierra de Guatemala.  Su parroquia conectaba más de 70 capillas ubicadas en una de las partes más aisladas y pobres del país.  Para llegar a las capillas, el P.  Paul se movía constantemente a través de “aventón” o montando a caballo, llevando los Sacramentos a la gente que vivía al margen de la sociedad.  A menudo llevaba en una mula sus artículos Sacramentales y los personales. Y había que cruzar por una gran extensión de fango.

Los siete años que pasó el P. Paul en Guatemala fueron de mucha tensión debido a la violencia ocasionada por las pandillas y el tráfico de drogas.  Algunos años antes de la llegada del P. Paul a Guatemala, el P. Larry Rosebaugh, O.M.I. fue asesinado y otros Oblatos fueron heridos durante un asalto de hombres armados.

En 2019 el P. Paul decidió volver a los Estados Unidos e iniciar un nuevo ministerio.  Los problemas de salud causados por décadas de vivir en malas condiciones habían comenzado a manifestarse.  Actualmente el P. Paul es Pastor Asociado en la Catedral Inmaculada Concepción en Brownsville, Texas, donde los Oblatos han trabajado desde 1849.

El Padre Paul comenta que le ha costado adaptarse a la comodidad de la vida en los Estados Unidos. Aun prefiere las cosas sencillas.  Puede que no haya mucho fango en Brownsville, pero sí muchas oportunidades para que el P. Paul ayude a mejorar las vidas de las personas.

El Padre Paul continúa haciendo efectivas las palabras de las Escrituras:

“Me sacó de la fosa infernal, del barro cenagoso.  Afianzó mis pies sobre la roca y afirmó mis pasos.” Salmo 40:2