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Father Frank Montalbano, O.M.I.

Carrying the Cross

What does a young Oblate brother from Zambia and a legendary American scripture scholar have in common?  Everything.

In February Bro. Eugene Mwape Mule, O.M.I. made his perpetual vows in San Antonio, Texas.  During the ceremony he received the Oblate Cross of Fr. Frank Montalbano, O.M.I. who spent more than 50 years teaching seminarians before passing away at the age of 97 in December.

“I met Fr. Frank after he moved into the Madonna Residence where our elderly Oblates live in San Antonio,” said Bro. Eugene.  “Father Frank became my friend and an inspiration.  One day I would like to also become a teacher of Scripture, and that is why I chose to receive his Oblate Cross.”

Brother Eugene Mwape Mule, O.M.I.Brother Eugene is scheduled to be ordained later this year.  He will carry his cross to a yet-to-be-determined mission.  He is already used to being a missionary, having been away from his native Zambia for the past eight years.  As a seminarian, he has already studied and ministered in Cameroon, the United States and Canada.

Father Frank wasn’t quite the world traveler, but he helped to shape Oblate priests and brothers who have ministered in every corner of the world.

“It has been a special gift from God to enable me to bring His Word to seminarians for so many years,” said Fr. Frank shortly before he retired in 2005.

After moving into the Madonna Residence, Fr. Frank continued to assist and give advice to seminarians studying next door at Oblate School of Theology.  That’s where he met Bro. Eugene, and now he will be forever linked with the Zambian Oblate.

Although Fr. Frank was an accomplished scholar, his life prayer was very simple.  It is a prayer that is now being passed on to the next Missionary Oblate priest.

“My prayer is that all priests be gentle, ardent and courageous ministers of the Sacred, men of joy in priestly service like Christ, the Eternal High Priest, and that we be men of joy when celebrating the Eucharist – not performers on stage – but serving God at two tables – the table of the word and sacrament.”

History of the Oblate Cross

Saint Eugene De Mazenod, founder of the Missionary Oblates, had a passion for the cross that he instilled in all of his Oblate brothers.  He felt that the cross was a sign of Jesus’ sacrifice which redeems sinners and re-establishes the covenant with God.  Furthermore, it was a sign of love and reconciliation.

The founder wished each of his missionary sons to wear a missionary cross as a distinctive sign of conversion.  He wanted the cross to be “a sacred sign of our apostolic mission” as well as “an essential part of our religious habit… given on the day of profession as a distinctive sign of our ministry.”  Oblates have since always carried their Oblate Crosses to their missions around the world as a sign of God’s mercy, and as a constant reminder of the virtues of humility, charity and modesty.

By 1830, the passing on of the missionary crosses from deceased Oblates to new Oblates was already part of the Oblate tradition.  Each new Oblate received the cross of one of his deceased brothers so that he could be inspired by and further the legacy of his predecessor.  This tradition of passing on the Oblate Cross is still an important part of Oblate perpetual vows ceremonies.  The passing on of the Oblate Cross is not just a continuance of the legacy of St. Eugene De Mazenod but it is also a symbol of Oblate brotherhood in Christ.

Father Frank Montalbano, O.M.I.

Llevando la Cruz

¿Qué tienen en común un joven hermano Oblato de Zambia y un legendario académico en Escrituras de los Estados Unidos?  Todo.

En febrero el Hno. Eugene Mwape Mule, O.M.I. hizo sus votos perpetuos en San Antonio, Texas.  En la ceremonia recibió la Cruz Oblata del P. Frank Montalbano, O.M.I., quien fue profesor de los seminaristas por más de 50 años antes de su fallecimiento en diciembre, a la edad de 97 años.

“Conocí al P. Frank cuando se mudó a la Residencia Madonna, donde viven los Oblatos mayores en San Antonio”, dijo el Hno. Eugene.  “El Padre Frank se convirtió en mi amigo y en una inspiración. Algún día también me gustaría ser profesor de Escrituras, y por ello elegí recibir su Cruz Oblata”.

La ordenación del Hermano Eugene será más adelante este año y llevará su cruz a alguna misión que está aun por definirse.  Ser misionero ya le es familiar, después de estar lejos de Zambia los últimos ocho años.  Como seminarista, estudió y trabajó en Camerún, los Estados Unidos y Canadá.

Brother Eugene Mwape Mule, O.M.I.El Padre Frank no viajó mucho por el mundo, pero ayudó a formar a los sacerdotes y hermanos Oblatos que han trabajado en cada rincón del planeta.

“Fue un don especial de Dios haber podido llevar Su Palabra a los seminaristas por tantos años”, dijo el P. Frank poco después de retirarse en 2005.

Tras su llegada a la Residencia Madonna, el P. Frank continuó ayudando y dando consejo a los seminaristas que estudiaban cerca, en la Facultad Oblata de Teología.  Fue así que conoció al Hno. Eugene, y ahora estará unido por siempre al Oblato de Zambia.

Aun cuando el P. Frank era un académico consumado, su vida y oración fue muy sencilla, y ahora será heredada al siguiente sacerdote Misionero Oblato.

“Mi oración es porque todos los sacerdotes sean ministros amables, ardientes y valerosos de lo Sagrado; hombres alegres al servicio sacerdotal, como Cristo, el Eterno Sumo Sacerdote, y que seamos hombres de alegría al celebrar la Eucaristía, no actores en el escenario, sino sirviendo a Dios en dos mesas: la mesa de la Palabra y la del Sacramento.” 

Historia de la Cruz Oblata

San Eugenio de Mazenod, fundador de los Misioneros Oblatos, era un apasionado de la cruz y lo inculcó a todos sus hermanos Oblatos.  Sentía que la cruz era un signo del sacrificio de Jesús que redime a los pecadores y restablece la alianza con Dios.  Más aun, fue un signo de amor y de reconciliación.

El fundador deseó que cada uno de sus hijos llevara una cruz misionera, como signo distintivo de conversión. Deseaba que la cruz fuera “un signo sagrado de nuestra misión apostólica”, al igual que “una parte esencial de nuestro hábito… recibida el día de profesión, como signo distintivo de nuestro ministerio.” Desde entonces, los Oblatos han llevado siempre sus Cruces Oblatas a las misiones en todo el mundo, como signo de la misericordia de Dios, y como recordatorio constante de las virtudes de humildad, caridad y sencillez.

Para 1830 ya era parte de la tradición Oblata entregar las cruces misioneras de los Oblatos fallecidos a los nuevos Oblatos.  Cada nuevo Oblato recibía la cruz de uno de sus hermanos fallecidos, para que le sirviera de inspiración y para continuar el legado de su predecesor. Esta tradición de entregar la Cruz Oblata sigue siendo una parte importante en las ceremonias de votos perpetuos de los Oblatos.  La entrega de la Cruz Oblata no es solo continuar el legado de San Eugenio de Mazenod, sino un símbolo de la hermandad Oblata en Cristo.