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Fr. Roger and Fr. Myles

My Brother’s Keeper

When Roger Cyr was a boy, he didn’t want to spend a lot of time with his older brother, Myles.  Roger wanted to do his own thing and have his own friends.

More than 70 years later, Fr. Roger and Fr. Myles were inseparable, living on the same floor of the Oblate Residence in Tewksbury, Massachusetts.  And every day Fr. Roger said a prayer of gratitude that his big brother was just down the hall.

“We lived together as kids and then we started living together again in our 80s,” said Fr. Roger.  “When I was young I didn’t want to do what my brother did, but eventually he influenced me to follow his example, and I have been grateful ever since.”

On April 9, Fr. Roger passed away peacefully in his room.  His brother Myles was there by his side, a brother’s keeper to the very end.

Father Myles was ordained a Missionary Oblate on June 17, 1954.  He never pressured his young brother to follow in his footsteps, but was filled with pride when Fr. Roger was ordained on August 15, 1959.

“Sixty years ago I was called and stepped forward to begin a special relationship with Christ and His Church,” said Fr. Roger.  “I took what little gifts I had and assimilated them to Christ, so that I could become each day that which Christ called me to be.”

Ironically, the Cyr brothers never ministered together as Oblate priests.  They worked at parishes and other Oblate ministries throughout New England.

“I went my way after ordination and he went his way after ordination,” said Fr. Myles.  “We ministered at some of the same places, but never at the same time.”

One place where both Fr. Cyrs left a lasting impact was the Shrine of St. Joseph the Worker, in Lowell, Massachusetts.  The Shrine serves workers in downtown Lowell and allows people to drop in to take a few minutes for spiritual nourishment.

“The Shrine’s ministry really is centered around the Sacrament of Reconciliation,” said Fr. Myles.  “I never heard so many confessions in my life.”

Wherever the Cyr brothers ministered, they always had a common purpose.  They always wanted everyone to be reminded that someone loves them, and that they don’t have to be perfect to follow Christ.

“Christ saved the world with 12 imperfect guys,” said Fr. Roger.  “A saint is a sinner who gets up and keeps walking when they fall.”

In 2015, Fr. Myles said “I love you,” to his younger brother when Fr. Roger needed to move into the Oblate infirmary.  Father Myles decided he too needed to move into the infirmary in order to be there for his younger brother.

“I told Roger that if God was ending this chapter of his ministry then he was ending my chapter too,” said Fr. Myles.

At the infirmary Fr. Roger had limited mobility and spent most of his time in his room.  He focused his final missionary time on ministering through the power of prayer.  He had one piece of technology, a tablet to read the Bible and help him recite his prayers.

Father Roger said he had everything he needed in his room.  He had two important items around his neck, an Oblate cross and an emergency button.  He had a television but didn’t turn it on for more than four years.  Father Roger said he wanted to avoid too much noise in his room because in the silence is where he could hear Christ.

Three times a day, the quiet in Fr. Roger’s room was interrupted when his older brother came to visit.  The visits were a way for Fr. Myles to minister to his brother, and to remind him that he was not alone.  In the evening, the two brothers recited the rosary before going to bed.

It was their daily ministry, and a simple act of brotherly love.

Fr. Roger and Fr. Myles

Quien Cuida a mi Hermano

Cuando niño, Roger Cyr no quería estar mucho tiempo con su hermano mayor, Myles.  Roger quería

hacer sus cosas y estar con sus amigos.

Más de 70 años después, el P. Roger y el P. Myles eran inseparables y vivían en el mismo piso de la Residencia Oblata en Tewksbury, Massachusetts.  Todos los días el P. Roger decía una oración para agradecer que su hermano mayor estuviera al final del pasillo.

“Vivimos juntos cuando niños y de nuevo cuando estábamos en los ´80 de edad”, dijo el P. Roger. “Cuando era joven no quería hacer lo mismo que mi hermano, aunque con el tiempo influyó en mí para seguir su ejemplo y siempre lo he agradecido.”

El P. Roger falleció tranquilamente el 9 de abril en su habitación, acompañado de su hermano Myles, quien lo cuidó hasta el final.

El Padre Myles fue ordenado Misionero Oblato el 17 de junio de 1954 y nunca presionó a su hermano menor a seguir sus huellas, aunque estuvo muy orgulloso cuando el P. Roger fue ordenado el 15 de agosto de  1959.

“Hace sesenta años fui llamado a dar un paso adelante y comenzar un relación especial con Cristo y Su Iglesia”, dijo el P. Roger.  “Tomé los pequeños dones que tenía y los llevé a Cristo, para acercarme cada día a lo que Él me llamaba a ser.”

Curiosamente, los hermanos Cyr nunca trabajaron juntos como sacerdotes Oblatos, sino por separado en parroquias y otros ministerios en Nueva Inglaterra.

“Cada quien seguimos nuestro camino después de ser ordenados”, dijo el P. Myles.  “Trabajamos en algunos de los mismos lugares, pero nunca al mismo tiempo.”

Uno de los lugares en los que ambos Padres Cyr dejaron un recuerdo permanente fue en el Santuario San José Labrador, en Lowell, Massachusetts.  El Santuario atiende a los trabajadores del centro de Lowell, donde la gente puede llegar y alimentar su espíritu.

“El ministerio del Santuario se centra realmente en el Sacramento de la Reconciliación”, dijo el P. Myles.  “Nunca escuché tantas confesiones en mi vida.”

Donde fuera que los hermanos Cyr trabajaran, tenían un propósito en común: siempre quisieron que la gente recordara que alguien les ama y que no necesitan ser perfectos para seguir a Cristo.

“Cristo salvó al mundo con 12 hombres imperfectos”, comentó el P. Roger.  “Un santo es un pecador que se levanta y continúa caminando después de caer.”

En 2015, el P. Myles le demostró su amor a su hermano menor cuando el P. Roger necesitó mudarse  adonde viven los Oblatos mayores. El Padre Myles decidió mudarse también a la residencia para estar con su hermano.

“Le dije a Roger que si Dios estaba cerrando ese capítulo de su ministerio, entonces también estaba terminando el mío”, dijo el P. Myles.

En su nuevo entorno, la movilidad del P. Roger era limitada y debía permanecer en su habitación la mayor parte del tiempo, por lo que centró su última parte como misionero al poder de la oración.  Con ayuda de la tecnología, una tablet, leía la Biblia y se ayudaba a recitar sus oraciones.

El Padre Roger decía que tenía todo lo necesario en su habitación y en su cuello llevaba dos cosas importantes: su Cruz Oblata y un botón de emergencia. Aunque también había una televisión, nunca la vio en más de cuatro años; decía que quería evitar el ruido en su habitación, pues en el silencio podía escuchar a Cristo.

Tres veces al día el silencio de la habitación del P. Roger era interrumpido cuando su hermano mayor llegaba a visitarlo. Las visitas eran una forma en la que el P. Myles realizaba su ministerio por su hermano y le recordaba también que no estaba solo.  Por las noches los dos hermanos rezaban el rosario antes de ir a dormir.

Ese era su ministerio diario y un sencillo acto de amor entre hermanos.