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Fr. Andrzej Madej, O.M.I.

The Faith Blooms In The Desert

Pope Pius XI gave the Missionary Oblates the title of “specialists in the most difficult missions.”  And there may be no greater example of that difficult mission than the Oblate mission in Turkmenistan.

For generations, no Catholic priest was allowed to work in the country while it was part of the Soviet Union.  When Communism collapsed, a small group of Catholics wrote to Pope John Paul II asking him to send priests to Turkmenistan to administer the Sacraments.

The Vatican began to ask religious congregations if they were interested in starting a mission in Turkmenistan.  They asked 38 communities for volunteers, and got rejected by all 38.  On the 39th try, the Vatican finally got a positive response, from the Missionary Oblates.

“When I arrived 23 years ago there were only a handful of Catholic faithful.  Over time I saw a community rise before my eyes,” said Fr. Andrzej Madej, O.M.I.  “Being a witness of this birth was a great grace of God, because it means having participated in a birth that was troubled but full of hope.  We live the experience of the Apostolic Church, which starts from scratch and is based on the power of the Word of God.”

The Turkmenistan mission is entrusted to the Oblates’ Polish Province which provides priests who can speak Russian.  The United States Province collaborates with the mission primarily by providing financial support.

Father Andrzej and two other Oblates are the only Catholic priests working in Turkmenistan, a country of over five million people.  When the Oblates celebrate Mass at their Chapel of the Lord’s Transfiguration in Ashgabat, there is no other Catholic celebration within a thousand miles in all directions – truly an oasis of faith in the desert.

The population of Turkmenistan is about 90-percent Muslim along with members of the Orthodox Church and some Protestant denominations.  The government watches these religious institutions closely.  Though there are no outright bans on these groups, the government does nothing to encourage them either.  New churches or buildings are almost never approved for construction and even the importation of Bibles and other religious material is strictly regulated.

Father Andrzej, along with Frs. Rafal Chilimoniuk and Jerzy Kotowski, are officially Vatican diplomats who maintain a ministry of pastoral and missionary activity in a “low profile” style which is limited to their home and chapel.

“We have a Catholic community of about 150 persons.  They attend Mass in Russian and also in English,” said Fr. Andrzej.  “Our community worships in a rented house.  In spite of the lack of space our community maintains its enthusiasm, as the number of people coming continues to grow.”

Every day the Oblates in Turkmenistan dedicate a few hours to prayer, both privately and with members of the Catholic community.  They celebrate the Eucharist daily.  The Oblates also try to visit with families in the area, both Catholics and non-Catholics.

The fruits of the Oblates’ labor is beginning to pay off.  Six people were recently baptized into the community.  In 2016, the Oblates celebrated the ordination of Fr. Anton Litvinov, O.M.I. who grew up attending Mass at the Oblate chapel.  Father Anton is believed to be the first person ever from Turkmenistan to be ordained a priest.

Seeds of faith have been planted in the Turkmenistan desert, thanks to the Oblates.  And those seeds are today beginning to bloom, bringing the Good News to an entire country.

Fr. Andrzej Madej, O.M.I.

La Fe Florece en el Desierto

El Papa Pío XI dio a los Misioneros Oblatos el título de “especialistas en las misiones más difíciles” y puede que no haya un mayor ejemplo de la dificultad de una misión que la de los Oblatos en Turkmenistán.

Mientras fue parte de la Unión Soviética y por generaciones, no se permitió a ningún sacerdote católico trabajar en el país.  Al caer el Comunismo, un pequeño grupo de católicos escribieron al Papa Juan Pablo II pidiéndole enviar sacerdotes a Turkmenistán para administrar los Sacramentos.

Así fue que el Vaticano comenzó a consultar con las congregaciones religiosas si tendrían interés en iniciar una misión en ese lugar.  Pidieron voluntarios a 38 comunidades y ninguna aceptó.  En el intento 39 el Vaticano finalmente tuvo una respuesta positiva: de los Misioneros Oblatos.

“Cuando llegué hace 23 años, solo había unos cuantos fieles católicos.  Con el tiempo vi crecer la comunidad frente a mis ojos,” dijo el P. Andrzej Madej, O.M.I.  “Ser testigo de ello fue una gran gracia de Dios, pues significa haber participado en un nacimiento que fue difícil, pero lleno de esperanza.  Vivimos la experiencia de la Iglesia Apostólica, que comienza desde cero y se basa en el poder de la Palabra de Dios.”

La misión en Turkmenistán fue encomendada a la Provincia Oblata de Polonia, que cuenta con sacerdotes que hablan ruso.  La Provincia de los Estados Unidos colabora con la misión, básicamente aportando ayuda económica.

El Padre Andrzej y otros dos Oblatos son los únicos sacerdotes católicos trabajando en Turkmenistán, que cuenta con más de cinco millones de habitantes.  La Misa que los Oblatos celebran en su capilla Transfiguración del Señor en Ashgabat, es la única celebración católica en 1.5 km a la redonda: realmente un oasis de fe en el desierto.

Cerca del 90% de la población de Turkmenistán se compone de musulmanes, miembros de la Iglesia Ortodoxa y algunas denominaciones protestantes.  El gobierno cuida muy de cerca a todas esas instituciones religiosas y aunque no hay prohibición categórica para ellos, el gobierno tampoco hace nada para alentarlos.  Casi nunca se aprueban nuevas iglesias o construcción de templos, e incluso la importación de Biblias y otros materiales religiosos está regulada estrictamente.

El Padre Andrzej, junto con los Padres Rafal Chilimoniuk y Jerzy Kotowski, son oficialmente diplomáticos del Vaticano, con un ministerio de actividad pastoral y misionera de “bajo perfil”, limitada a su casa y capilla.

“Nuestra comunidad católica es de cerca de 150 personas.  Asisten a Misa en ruso y también en inglés”, comentó el P. Andrzej.  “El culto se realiza en una casa rentada y a pesar del espacio reducido, nuestra comunidad mantiene su entusiasmo, pues el número de asistentes continúa creciendo.”

Los Oblatos en Turkmenistán dedican varias horas a la oración todos los días, tanto en privado como con miembros de la comunidad católica y celebran la Eucaristía a diario.  Los Oblatos también visitan a las familias del área, tanto católicos como los que no lo son.

El trabajo de los Oblatos comienza a dar fruto: seis personas fueron bautizadas recientemente en la comunidad.  En 2016 los Oblatos celebraron la ordenación del P. Anton Litvinov, O.M.I., quien creció asistiendo a Misa en la capilla Oblata.  Se cree que el Padre Anton es la primera persona en la historia de Turkmenistán en haber sido ordenado sacerdote.

Gracias a los Oblatos se han sembrado semillas de fe en el desierto de Turkmenistán y las que ya comienzan a florecer, llevan la Buena Nueva a todo un país.