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Fr Ray Cook

A Journey Of Perseverance and Joy

Father Ray Cook, O.M.I. is living proof that good things come to those who wait.

To say that Fr. Ray was a late bloomer to a religious vocation would be an understatement. He was 35 years old when he decided to join the Missionary Oblates’ formation program.

“It was a slow process for me, it took years to decide on religious life,” said Fr. Ray. “I never had a big conversion moment, it came gradually.”

Born in Connecticut, Fr. Ray grew up interested in religious life but didn’t discern his calling at the time. His interest was in technology and he found work as a Network Administrator for the Shubert Theatre in New Haven, Connecticut. Later he worked for Yale New Haven Hospital where he had several software and database responsibilities.

For five years Fr. Ray also traveled the United States teaching as a Microsoft Authorized Instructor. During a stay in St. Louis, he happened to visit the National Shrine of Our Lady of the Snows across the river in Belleville, Illinois. He felt at home, and the idea of religious life returned.

Father Ray applied to join the Oblates in 2003. His formation journey took nine years, during which time he was struck by the Oblates’ desire to serve the poor and most in need. He also found the Oblates to be very down to earth, and he identified with their strong devotion to Mary. In 2012 Fr. Ray was ordained a Missionary Oblate priest.

Father Ray’s first assignment brought him back to Belleville where his Oblate journey had begun. He was a member of the staff at King’s House Retreat and Renewal Center and also helped out at area parishes. Father Ray’s ministry also took him to the impoverished East St. Louis community where he started a youth group at the Family Center run by the Sparkill Dominican Sisters.

In 2014 Fr. Ray’s Oblate journey took him to a vastly different mission field, at one of the most prestigious universities in the country. He became Director of the Newman Center and the Chaplain and Administrator of St. Mary’s Chapel at Rice University in Houston, Texas.

Ministering to students at an acclaimed university may not seem to be missionary work. But Fr. Ray soon discovered that the students have many of the same struggles as other young people, and sometimes even additional difficulties.

“All of the students here were at the top of their class in high school,” said Fr. Ray. “But when they get here they are in a competitive environment with others who are just as academically included, and that can be alarming for them when they are suddenly ‘not the best’ in their class.”

Father Ray’s work is diverse. Along with the pastoral and administration work that goes along with 600 community and student members, his ministry includes everything from baptisms to funerals. He is also a Certified Disaster Care Specialist with the diocesan response team for the Red Cross, Chaplain of the Serra Club of Houston and last year earned a Doctor of Ministry in the field of Preaching while working full time.

In addition to serving the needs of the students, Fr. Ray is also available to the faculty and staff at Rice as well as people in the community who come to the university chapel for prayer and guidance.

When Fr. Ray works with students, he makes sure to teach them Oblate values. One of those values is perseverance.

As an Oblate, Fr. Ray took four vows at his ordination, the traditional vows of poverty, chasity and obedience, along with a unique Oblate vow of perseverance. Father Ray knows all about perseverance. He was 44 years old when he finally became a priest and found his ultimate joy. Today, he is helping young people persevere through their trials and difficulties so that they too can find their ultimate joy.

Fr Ray Cook

Un viaje de perseverancia y alegría

El Padre Ray Cook, O.M.I. es la prueba viviente de que las cosas buenas llegan a los que esperan.

Decir que, el P. Ray, fue una persona cuya vocación religiosa floreció tardíamente, sería una insinuación.  Tenía 35 años cuando decidió unirse al programa de formación de los misioneros Oblatos.

“Fue un proceso lento para mí, me llevó años decidirme por la vida religiosa. Nunca tuve un gran momento de conversión, llegó gradualmente”, dijo el P. Ray.

Nacido en Connecticut, el P. Ray, creció interesado en la vida religiosa pero no discernió su vocación en ese momento.  Se interesó por la tecnología y encontró trabajo como administrador de redes en el teatro Shubert de New Haven, Connecticut.  Más tarde trabajó para el hospital Yale New Haven, donde tuvo varias responsabilidades en materia de software y bases de datos.

Por cinco años, el P. Ray, también viajó por Estados Unidos enseñando como instructor autorizado de Microsoft.  En una ocasión durante su estancia en San Luis, visitó por casualidad el Santuario Nacional de Nuestra Señora de las Nieves, al otro lado del río, en Belleville, Illinois.  Se sintió como en casa, y la idea de la vida religiosa regresó.

El Padre Ray solicitó entrar con los Oblatos en 2003.  Su proceso de formación duró nueve años, durante los cuales quedó impresionado por el deseo de los Oblatos de servir a los pobres y a los más necesitados.  También, descubrió que los Oblatos tenían los pies sobre la tierra, y se identificó con su fuerte devoción a María.  En 2012, el padre Ray, fue ordenado sacerdote misionero Oblato.

La primera misión del Padre Ray lo llevó de regreso a Belleville, donde había comenzado su viaje Oblato.  Fue miembro del personal del centro de Retiro y Renovación “King’s House” (Casa del Rey) y ayudó en las parroquias de la zona.  El ministerio del Padre Ray también consistió en servir en la comunidad empobrecida de East St. Louis, donde comenzó un grupo de jóvenes en el centro de la familia dirigido por las hermanas Dominicas de Sparkill.

En 2014, el peregrinar Oblato del Padre Ray lo llevó a un campo de misión muy diferente, en una de las universidades más prestigiosas del país donde fue director del centro Newman, capellán y administrador de la capilla Santa María en la universidad de Rice en Houston, Texas.

Atender a los estudiantes de una aclamada universidad puede no parecer un trabajo misionero.  Pero el P. Ray pronto descubrió que los estudiantes tienen muchas de las mismas luchas que otros jóvenes, y a veces incluso dificultades adicionales.

“Todos los estudiantes de aquí fueron los mejores de su clase en la escuela secundaria.  Pero cuando llegan aquí se encuentran en un entorno competitivo con otros que están al mismo nivel académicamente, y eso puede ser alarmante para ellos cuando de repente ‘no son los mejores’ de su clase”, dijo el P. Ray.

El trabajo del Padre Ray es diverso, junto con el trabajo pastoral y administrativo que acompaña a los 600 miembros de la comunidad y los estudiantes, su ministerio incluye desde bautismos hasta funerales.  También es un especialista certificado en atención de desastres con el equipo de respuesta diocesano para la Cruz Roja, capellán del Club Serra de Houston y el año pasado obtuvo un doctorado en ministerio en el campo de la predicación mientras trabaja a tiempo completo.

Además de atender las necesidades de los estudiantes, el P. Ray, también está disponible para el profesorado y el personal de Rice, así como para las personas de la comunidad que acuden a la capilla de la universidad en busca de oración y orientación.

Cuando el P. Ray trabaja con los estudiantes, se asegura de enseñarles los valores Oblatos.  Uno de esos valores es la perseverancia.

Como Oblato, el P. Ray hizo cuatro votos en su ordenación, los tradicionales de pobreza, castidad y obediencia, junto con un voto Oblato único de perseverancia.  El P. Ray sabe muy bien lo que es la perseverancia.  Tenía 44 años cuando finalmente se hizo sacerdote y encontró su máxima alegría.  Hoy en día, ayuda a los jóvenes a perseverar en sus pruebas y dificultades para que ellos también puedan encontrar su máxima alegría.