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Fr Jim Gibbons, O.M.I.Because I’m Happy

Celebrating 50 Years of Oblate Priesthood

If Fr. Jim Gibbons, O.M.I. had not become a priest, he should have been an investment banker.

When Fr. Jim was a teenager, he spent 5 cents to send a postcard to the Missionary Oblates inquiring about joining the congregation.  That 5-cent investment has returned decades of happiness and joy for Fr. Jim, including his celebration in May of 50 years of priesthood.

“I have spent 50 years as an Oblate priest and I am very happy.  I have also spent 50 years ministering in Brazil and I am very happy,” said Fr. Jim.  “I found my spot when I joined the Oblates, and I have been very happy ever since.”

Father Jim was born and raised in Massachusetts and began thinking about the priesthood while in high school.  In particular, Fr. Jim was interested in the foreign missions, and the nuns at his high school encouraged him to look at various religious congregations.

Father Jim was drawn to the Oblates because of their worldwide missionary work, so he decided to send a 5-cent postcard to the Oblate Vocation Director with a few sentences explaining his interest in becoming a missionary priest.  His life would never be the same.

Father Jim joined the Oblates and was ordained on May 31, 1969.  He wrote a letter to the Superior General requesting his first assignment – Brazil.  He was so happy.  Four months after ordination Fr. Jim was on his way to Brazil, which became his home ever since.

“When I got there I was told to just put my head down and go forward,” said Fr. Jim.  “I didn’t know the language so here I was with this theology degree and I couldn’t even teach the kids the Our Father.”

When Fr. Jim arrived in Brazil in 1969, it was a very tense time for the Oblates.  A few Oblates had been kicked out of the country for speaking out in support of the poor.  The police and military were constantly harassing the Oblates because they refused to be silent in opposing the government.

Father Jim would spend his 50 years in Brazil ministering primarily in two areas – formation work to help men discern and fulfill their calling to religious life and pastoral work at parishes in poor parts of the country.  Father Jim has served throughout Brazil, from the south to the north, the coast to the Amazonian interior.

As a formator, Fr. Jim works with seminarians at various levels on their journey to religious life.  Along the way he is always upfront with the candidates, explaining that life as a Missionary Oblate is going to be a challenge.  Most Oblates are called to minister outside of their home area, and if a candidate has trepidations about leaving home then they should probably consider a different religious community to join.

For Fr. Jim, there was no trepidation about leaving the comfort of life in Massachusetts to live in the poorest parts of Brazil.  He rather easily adjusted to life without television, poor sanitation and erratic electricity. What his life lacked in comfort was made up with the joy of being one with the poor.

Father Jim also discovered that the role of a priest in Brazil was much less authoritarian than the role of a priest in the United States.

“The Oblates in Brazil are all committed to the poor, and it is the people who are more important than the priest, especially the poor people,” said Fr. Jim.  “We accompany our parishioners, we do not direct them.”

Father Jim explains that throughout his 50 years in Brazil he has never had a key to any of the chapels.  Instead, the keys stay at the home of a parishioner.  This simple act of trust reinforces the idea that the chapel does not belong to Fr. Jim or even the Oblates.  Instead, it belongs to the community.

During his five decades in Brazil, Fr. Jim has been a towering figure – literally.  At 6 feet 4 inches and very thin, Fr. Jim makes quite a first impression. When he met Pope John Paul II, the Holy Father offered him a word of advice, “You need to eat more.”

But Fr. Jim, who is in excellent health at age 79, just can’t seem to add any weight.  It might be the only thing he’s not good at.

Today, after spending part of his summer in the United States visiting with family, Fr. Jim has joined the Oblate community in Aparecida de Goiania, located near Brasília.  There are eight Oblates who make up the community there, five Brazilians, one from Ireland and two from the United States.

Father Jim has a multitude of responsibilities at the mission site.  He ministers at a formation house where eight seminarians are taking their early steps to becoming Oblate missionaries.  He also helps out at about 30 community chapels, bringing the Good News into the lives of the poorest of the poor.

And whether he is discussing philosophy with seminarians, presiding at Mass in a humble chapel or simply listening to a person in need who needs a sympathetic ear, Fr. Jim reminds all that he meets of one simple message.

“God wants everybody to be happy, and that includes you.”

And for Fr. Jim, he has found much of his happiness among the poor in Brazil.

 

Estoy Feliz

De Celebrar 50 Años de Sacerdocio como Oblato

Si el P. Jim Gibbons, O.M.I. no hubiera sido sacerdote, habría sido banquero de inversiones.

Siendo adolescente, el P. Jim invirtió cinco centavos para enviar una tarjeta postal a los Misioneros Oblatos para solicitar unirse a la congregación. Esa inversión de 5 centavos se convirtió en décadas de felicidad y alegría para el P. Jim, llevándole a celebrar 50 años de sacerdocio en mayo.

“He sido sacerdote Oblato por 50 años y soy muy feliz. Pasé esos 50 años trabajando felizmente en Brasil”, dijo el P. Jim.  “Encontré mi lugar al unirme a los Oblatos y he sido muy feliz desde entonces.”  

El Padre Jim nació y creció en Massachusetts y comenzó a pensar en el sacerdocio durante sus estudios de preparatoria. El interés particular del P. Jim eran las misiones en el extranjero y las Hermanas en su preparatoria le animaron a investigar sobre varias congregaciones religiosas.

El trabajo misionero de los Oblatos en todo el mundo atrajo al Padre Jim, por lo que decidió enviar la tarjeta postal al Director Vocacional Oblato con algunas líneas explicando su interés en hacerse sacerdote misionero.  Su vida nunca sería lo mismo.  

El Padre Jim se unió a los Oblatos, ordenándose el 31 de mayo de 1969.  Envió una carta al Superior General solicitando su primera asignación: Brasil.  Cuatro meses después de su ordenación y muy feliz, el P. Jim iba camino a Brasil, que fue su hogar desde entonces.

“Al llegar me dijeron que agachara la cabeza y avanzara”, dijo el P. Jim.  “No sabía el idioma, así que ahí estaba con mi título en teología, pero no podía ni enseñar el Padre Nuestro a los niños”.

Los Oblatos en Brasil se encontraban bajo mucha presión a la llegada del P. Jim en 1969: algunos habían sido deportados del país por hablar en favor de los pobres. La policía y militares acosaban constantemente a los Oblatos por oponerse al gobierno.

El trabajo de 50 años del Padre Jim en Brasil se desarrolló básicamente en dos áreas: el programa de formación para ayudar a discernir y alcanzar el llamado a la vida religiosa, y el trabajo pastoral en las parroquias en los lugares pobres del país. El Padre Jim trabajó por todo Brasil, de norte a sur y de la costa del Amazonas al interior.

Como formador, el P. Jim trabaja con seminaristas en varios niveles de su camino a la vida religiosa, explicando a los candidatos que la vida como Misionero Oblato es un desafío. La mayoría de los Oblatos son llamados a trabajar lejos de su hogar y en caso de que algún candidato tenga dudas de dejarlo, probablemente deban considerar unirse a una comunidad religiosa diferente.

El P. Jim no dudó en dejar el confort de su vida en Massachusetts para vivir en los lugares más pobres de Brasil.  Se adaptó muy rápidamente a no tener televisión, a la mala sanidad y falta de electricidad. Lo que su vida carecía de comodidad fue compensada con la alegría de ser uno con los pobres.

El Padre Jim también descubrió que el papel de un sacerdote tenía menos autoridad en Brasil que en los Estados Unidos.

“Todos los Oblatos en Brasil están comprometidos con los pobres, y la gente tiene mayor importancia que el sacerdote, en especial los pobres”, dijo el P. Jim.  “Acompañamos a nuestros feligreses, no los dirigimos.”

El Padre Jim comenta que en sus 50 años en Brasil nunca ha tenido llave para ninguna de las capillas.  Uno de los feligreses guarda las llaves, confirmando la idea de que la capilla no es propiedad del P. Jim ni de los Oblatos, sino de la comunidad.

En sus cinco décadas en Brasil, el P. Jim ha sido una figura imponente, literalmente. Con su 1.93 de estatura, el P. Jim impone.  Cuando conoció al Papa Juan Pablo II, el Santo Padre le aconsejó “Necesitas comer más”.

Pero la salud el P. Jim a los 79 años es excelente y parece que su fuerte no es poder aumentar de peso, siendo su única deficiencia.

Después de pasar parte del verano visitando a su familia en los Estados Unidos, el P. Jim se incorporó a la comunidad Oblata en Aparecida de Goiania, cerca de Brasilia, conformada por cinco Oblatos brasileños, un irlandés y dos de los Estados Unidos.

El Padre Jim está a cargo de una casa de formación con ocho seminaristas en sus primeros pasos a convertirse en misioneros Oblatos. También ayuda en cerca de 30 capillas comunitarias, donde los más pobres de los pobres reciben las Buenas Nuevas.

Y ya sea que hable sobre filosofía con los seminaristas, presidiendo Misa en una humilde capilla o solamente escuchando a alguien que lo necesite, el P. Jim nos recuerda un sencillo mensaje:

“Dios quiere que todos seamos felices, incluyéndote.”

Y el P. Jim ha encontrado mucha de su felicidad con los pobres en Brasil.