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Fr. Elmar Mauer, O.M.I.My Vocation Story Fr. Elmar Mauer, O.M.I.

I was born in Kempenich, Germany in 1934 in a house across the street from the Catholic church.  I was baptized there the day after my birth, the third son of Peter and Katarina Mauer.

My mother was a victim of World War II.  I have only one mental picture of her.  My dad spoke of her with great affection and pride.  While dad was in the war our grandma and later our aunt raised us.

Church was the center of my childhood.  In the 18 years I lived in Germany I missed Mass once.  At age three we moved to a village a mile away from church.  It involved a good half hour walk to get there.  For religion classes and preparation for First Communion and Confirmation we made the trip twice on Sunday.

After eighth grade I went to a trade school to become a tailor.  During my second year at the tailor shop, the call to the priesthood became strong, or, I listened to it more intently.  God had been calling through different voices and situations but I didn’t pay attention.

My mother’s brother, Fr. Peter Minwegen, O.M.I. was a Missionary Oblate in America and became the person God used to awaken my vocation.  When I joined the Oblates he said I had to choose to either study in Germany or America.  I chose America.

At the age of 19 I arrived by boat at Ellis Island.  I didn’t know anybody there and didn’t speak English.  Somehow a lady that had been paid by my uncle found me on Ellis Island and took me to a train headed for St. Louis.  Another lady found me at the St. Louis train station and drove me to Starkenburg, Missouri where Uncle Peter was the Pastor and Director of the Shrine of Our Lady of Sorrows.

My uncle insisted that I only speak English or nothing at all.  While it may have seemed harsh at first, it was the best way to learn the language.  In 1954 I began attending the Oblates’ St. Henry’s Preparatory Seminary in Belleville, Illinois.  I spent five of the happiest years of my life at St. Henry’s.  I also worked there during summer vacations, scrubbing floors and mowing lawns.

Next came the novitiate year to deepen my spiritual life and learn about the Oblate charism.  This was followed by six years of studies at the Oblate Scholasticate in Pine Hills, Mississippi.  I was ordained a priest on December 19, 1964.

My first assignment was as a missionary to the small Mohammedan Island in the southern Philippines.  I was the Director of the high school operated by the Oblates.  There were only a few Catholics on the island.  It was very primitive but for me it was wonderful.  It prepared me to face almost anything in life and to do so with dignity and grace.

When I returned to the states I ministered at parishes, the National Shrine of Our Lady of the Snows and as a member of the Oblate Youth Mission Band.  I also spent two years working in Copenhagen, Denmark.  For 18 years I was part of the Pastoral Care Department at St. Elizabeth Hospital in Belleville, Illinois and still help out occasionally as a volunteer.

I have met many wonderful people on my Oblate journey and they have deepened my faith.  It is the people I have met and the friends I have made that rate the highest in the story of my life.

 

Historia de mi Vocación: P. Elmar Mauer, O.M.I.

Nací en Kempenich, Alemania, en 1934, en una casa cruzando la iglesia católica. Fui bautizado al día siguiente de mi nacimiento y fui el tercer hijo de Peter y Katarina Mauer.

Mi madre murió en la Segunda Guerra Mundial y solo tengo recuerdos de ella. Mi papá hablaba de ella con gran cariño y orgullo.  Mientras mi papá luchaba en la guerra, nos criaron nuestra abuela y después una tía.

La Iglesia fue el centro de mi niñez. En los 18 años que viví en Alemania, solo falté a Misa una vez. A los tres años nos mudamos a una aldea a más de kilómetro y medio de distancia y para llegar había que caminar más de media hora.  Los domingos debíamos hacer el recorrido dos veces para las clases de religión y Catecismo para la Primera Comunión.

Al terminar el segundo año de secundaria fui a una escuela técnica para aprender sastrería. En mi segundo año en la sastrería se volvió más fuerte el llamado al sacerdocio, o tal vez le puse mayor atención. Dios me llamaba a través de diferentes voces y situaciones, aunque no estaba atento.

El hermano de mi madre, el P. Peter Minwegen, O.M.I. era Misionero Oblato en América y fue la persona que Dios utilizó para despertar mi vocación. Al ingresar con los Oblatos, dijo que debía elegir estudiar en Alemania o América. Elegí América.

A los 19 años llegué por barco a la Isla Ellis.  No conocía a nadie ni hablaba inglés. De alguna forma, una señora a la que mi tío le había pagado para recibirme, me encontró en la Isla Ellis y me llevó a tomar un tren para St. Louis. Otra señora me esperaba en la estación de tren de St. Louis y me llevó por automóvil a Starkenburg, Missouri, donde el tío Peter era Pastor y Director del Santuario de Nuestra Señora de los Dolores.

Mi tío insistió en que solo hablara inglés o nada.  Aunque difícil al principio, fue la mejor forma para aprender el idioma. En 1954 comencé mis estudios en la Preparatoria del Seminario St. Henry de los Oblatos en Belleville, Illinois. En St. Henry pasé los cinco años más felices de mi vida. En los veranos trabajaba lavando pisos y cortando césped.

Luego llegó el año de noviciado para profundizar mi vida espiritual y aprender el carisma Oblato, seguido de seis años de estudios en el Escolasticado Oblato en Pine Hills, Mississippi.  Fui ordenado sacerdote el 19 de diciembre de 1964.

Mi primera asignación fue como misionero en la pequeña isla Mahometana al sur de las Filipinas, como Director de la preparatoria de los Oblatos.  Solo había unos cuantos católicos en la isla. Era muy primitiva, pero para mí era maravillosa y me preparó para enfrentar casi cualquier cosa en la vida con dignidad y gracia.

Al regresar a los Estados Unidos trabajé en parroquias, en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de las Nieves y como miembro de la Banda Misionera Juvenil de los Oblatos. También trabajé por dos años en Copenhague, Dinamarca. En Belleville, Illinois, fui parte del Departamento de Atención Pastoral del Hospital

Sta. Elizabeth y aun sigo ayudando ocasionalmente como voluntario.

A lo largo de mi trayecto como Oblato he conocido a mucha gente maravillosa que ha profundizado mi fe.  El lugar más importante en mi vida lo tiene la gente que he conocido y los amigos que hecho.