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Racial Justice

A Fighter For Racial Justice

The following article was published in Oblate World magazine in 2013, and is a reminder that the struggle for racial justice has a long history —and it continues today.

When Archbishop Denis Hurley, O.M.I. was a young boy, he lived for four years on an island off the coast of South Africa.  His dad was the lighthouse keeper.  It was a great place for a boy to spend his childhood.

That island was Robben Island, which would become infamous as the place where Nelson Mandela spent much of his time in prison.  Incredibly, the boy who grew up on Robben Island would play a leading role in freeing Mandela from prison and freeing the people of South Africa from apartheid.

“I joked with President Mandela that we both had Robben Island experiences, though mine were certainly more pleasant,” said Archbishop Hurley.

The passion to fight against racial injustice didn’t burn in Archbishop Hurley right away.  He enjoyed a typical childhood for a white boy in South Africa where he had almost no interaction with black people.  He even thought Gandhi, a man whom he would later be compared to, was a troublemaker.

Those views however changed when the young seminarian left the country to study for the priesthood.  He took classes with people of different skin colors, and it changed his life.

“Segregation was just an accepted part of the culture in South Africa when I was growing up,” said Archbishop Hurley.  “When I went to Europe I saw how things could and should be.”

After returning to South Africa, Archbishop Hurley quickly rose through the Church hierarchy.  At age 31 he was named the Bishop of Natal, the youngest Catholic bishop in the world.  At age 35 he became the Archbishop of Durban.

As he rose through the Church’s ranks, Archbishop Hurley could not turn a blind eye towards the racial oppression in his country.  He criticized the Catholic Church for not opposing apartheid.  Soon the popular bishop was the most hated Catholic in South Africa.

“There was one time people tried to burn my house down, but it was no big deal,” joked Archbishop Hurley.  “They did a real bad job and I put the fire out quickly.”

Repeated death threats and acts of violence against Archbishop Hurley did not cause him to waver in his opposition to apartheid.  He led efforts to desegregate Catholic schools, hospitals and other institutions throughout the country.

Archbishop Hurley didn’t hold back when speaking out against church-going people who wanted to keep a segregated society.  He once referred to Christians who favored apartheid as, “flabby and ineffectual windbags, if not downright supporters of an evil system.”

Those words didn’t sit well with many white South Africans.  But they were making Archbishop Hurley, along with Anglican Archbishop Desmond Tutu, the religious face of opposition to apartheid.  Human rights activists even began to joke: When you’re in a hurly-burly (uproar), there’s no one like the burly Hurley.

“It wasn’t easy to go preach an anti-apartheid message in the white parishes,” said Archbishop Hurley.  ‘During his struggles against apartheid, Archbishop Hurley relied on the support of his brother Oblates who were also at the forefront of ending segregation in South Africa.  The Oblates’ Parish of Regina Mundi in Soweto was the main location for anti-apartheid meetings.  In 1976 police opened fire on protestors outside the church.  As protestors ran inside, the police followed, continuing to shoot at them.

In 1990 Nelson Mandela was released from prison after 27 years. 

In 1994 he was elected President of South Africa.  Archbishop Hurley sat just a few feet away from President Mandela as he took the oath of office.

Archbishop Hurley retired in 1992.  Until his death in 2004, the iconic humanitarian spent most of his time working as a simple parish priest at an inner-city church, always remaining close to the poor.  Today, the Dennis Hurley Center in Durban is serving the homeless, drug users, the urban unemployed and refugees with the respect and honor that all deserve as children of one God.

The lighthouse on Robben Island is still standing, but it doesn’t work anymore.  There is no need for its light to shine, to warn people of danger.  Former Robben Island resident, Archbishop Hurley’s physical light has also been extinguished.  But he will always remain a beacon of hope to the poor and oppressed.

In the beginning God said, “Let there be light.”  In South Africa, that light was reflected by Archbishop Hurley.  And God saw that it was good.

Racial Justice

Defensor de la Justicia Racial

El siguiente artículo fue publicado en la revista Oblate World en 2013 y es un recordatorio de que la lucha por la justicia racial tiene una larga historia, y que continúa hoy en día.

Cuando niño, el Arzobispo Denis Hurley, O.M.I. vivió cuatro años en una isla en la costa de Sudáfrica.  Su papá era el guardafaros y fue un gran lugar donde pasar su niñez.

Se trata de la Isla Robben, que sería el infame lugar donde Nelson Mandela pasó mucho tiempo en prisión.  increíblemente, el niño que creció en la Isla Robben tendría un lugar primordial en liberar a Mandela de prisión y en liberar a la gente de Sudáfrica del apartheid.

“Bromeaba con el Presidente Mandela de que ambos teníamos vivencias de la Isla Robben, aunque ciertamente las mías eran más placenteras”, dijo el Arzobispo Hurley.

La pasión por luchar en contra de la injusticia racial no se presentó de inmediato en el Arzobispo Hurley. Gozó de la niñez típica de un niño blanco en Sudáfrica, donde casi no interactuaba con gente de color. Incluso pensaba que Gandhi, con quien se le compararía más adelante, era un alborotador.

Sin embargo esos puntos de vista cambiaron cuando el joven seminarista dejó el país para estudiar para el sacerdocio.  Estudió con personas de diferentes colores de piel y ello cambió su vida.

“La segregación era solo una parte aceptada de la cultura en Sudáfrica cuando crecía”, dijo el Arzobispo Hurley.  “Al ir a Europa pude ver cómo podían y deberían ser las cosas.”

Tras volver a Sudáfrica, el Arzobispo Hurley avanzó pronto en la jerarquía de la Iglesia. A los 31 años fue nombrado Obispo de Natal, siendo el obispo católico más joven en el mundo.  A los 35 años se convirtió en el Arzobispo de Durban.

Al avanzar en los rangos de la Iglesia, el Arzobispo Hurley no pudo pasar por alto la opresión racial en su país.  Criticaba a la Iglesia católica por no oponerse al apartheid.  Pronto el popular obispo era el católico más repudiado en Sudáfrica.

“Una vez la gente intentó quemar mi casa, pero no fue gran cosa”, bromeó el Arzobispo Hurley.

“Realmente no lo hicieron bien y pude apagar el incendio rápidamente.”

Las repetidas amenazas de muerte y actos de violencia en contra el Obispo Hurley no lo hicieron abandonar su oposición al apartheid.  Lideró eventos en contra de la segregación en las escuelas católicas, hospitales y otras instituciones en todo el país.

El Arzobispo Hurley no se detenía al hablar en contra de la gente que asistía a la iglesia y que deseaba mantener una sociedad segregada.  Una vez se refirió a los cristianos que estaban a favor del apartheid como “veletas fofas e ineficaces, si no apoyadores flagrantes de un sistema de maldad.”

Sus palabras no fueron bien recibidas por muchos sudafricanos blancos, pero hacían que el Arzobispo Hurley, junto con el Arzobispo anglicano Desmond Tutu, fueran la oposición religiosa al apartheid.  Los activistas de derechos humanos incluso comenzaron a bromear: Cuando estás en un “hurly-burly”(rugido), no hay nadie como el fornido Hurley.

“No era fácil predicar un mensaje antiapartheid en las parroquias de blancos”, dijo el Arzobispo Hurley.  ‘Durante su lucha contra el apartheid, el Arzobispo Hurley confió en el apoyo de sus hermanos Oblatos, quienes también estaban a la vanguardia de terminar la segregación en Sudáfrica. La Parroquia Regina Mundi de los Oblatos en Soweto era el lugar principal de reuniones antiapartheid.  En 1976 la policía abrió fuego en contra de manifestantes afuera de la iglesia.  Al correr hacia el interior de la iglesia, la policía siguió disparando a los manifestantes.

Tras 27 años en prisión, Nelson Mandela fue liberado en 1990. 

En 1994 fue electo Presidente de Sudáfrica.  El Arzobispo Hurley se encontraba sentado a solo unos pasos del Presidente Mandela al tomar posesión.

El Arzobispo Hurley se retiró en 1992 y hasta su muerte en 2004, el icónico humanista pasó la mayor parte de su tiempo trabajando como un sencillo sacerdote en una iglesia del centro de la ciudad, siempre cercano a los pobres.  Actualmente el Centro Dennis Hurley en Durban atiende a las personas sin hogar, drogadictos y los desempleados y refugiados reciben todo el respeto y honor que merecen como hijos de Dios.

El faro de la Isla Robben sigue en pie, pero ya no funciona.  No se necesita que su luz brille y advierta del peligro a las personas. Como antiguo residente de la Isla Robben, la luz física del Arzobispo Hurley también se extinguió, pero siempre será una luz de esperanza para los pobres y oprimidos.

En el principio Dios dijo, “Hágase la luz.” En Sudáfrica, esa luz fue reflejada por el Arzobispo Hurley.  Y Dios vio que era bueno.