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American DreamThe Idea of the American Dream Was Worth It

In Tijuana, B.C., Mexico the Missionary Oblates minister in a vast area where more than 200,000 people reside in cramped, impoverished and unsanitary conditions.  The number of people can at times be overwhelming, but each person has their own individual story to tell.  Here is one of those stories from someone being helped by the Missionary Oblates.

My name is Cindy Milla, and I am 24 years old.  I am from Honduras.  I like to spend time with my children.  They are my whole life, and I want them to succeed.  I give thanks to God for them every day.  I consider myself quite a strong person, although several times I have fallen and I have been lifted up.

My family is from Honduras.  My children are ages two, five and nine.  I decided to leave my country for my children.  The situation in Honduras causes children to get involved in bad things because there are no good opportunities.  Children are abducted right out of schools and are forced to be in gangs.  I didn’t want to risk losing my children, or having them become criminals. 

 In 2018, my sister and I, along with our children, joined the migrant caravan.  We took a big risk, because we had no money to pay someone to bring us.  I put myself in God’s hands to fulfill that yearning for a better life and opportunity for my children. 

We slept on the streets and made beds of plastic for the children.  We often did not have food or drink, and frequently went without sleep looking out for our children.  All that walking was a tremendous strain, but we did not give up.  The idea of the American Dream was worth it.  We believed that the United States offered a better opportunity and we wanted that for our children.  God showed me that He was in control from the beginning, because we eventually reached the Tijuana border.

In Tijuana we were greeted by the Missionary Oblates at their parish.  The Oblates and all the youth in the SEARCH group were so kind to us.  They provided for our needs.  I remember the first night, sleeping on a mattress with my children.  We were warm and felt like we were floating in the sky.  We never felt away from home when we were with the Oblates.  We didn’t feel like migrants; we just felt their kindness and love.  We felt like family.

Later we got asylum and crossed into the United States.  We are currently in the process of being considered to be allowed to stay in the United States.  We have a year for the consideration of asylum.  We have a lawyer helping us that does not charge us a lot of money.  We are surviving day to day and taking care of our children.  I want to show that we can be productive citizens and work.  We just want that opportunity.

My goal is to prepare my children to have a good education, a good job and to make good decisions in their lives.  The whole process has been difficult mentally and economically.  But God strengthens me and I keep up the fight.  I have many people to thank, but first
of all God, because He never abandoned us; He was always with us, taking care of us.

I also thank the Missionary Oblates for helping us get this far.  They proved that not all people in the world are selfish; that there are people who help from the heart without expecting anything in return.  I think back to the time we spent in their church and things I learned from them.  Through the Oblates, God gave us a place to rest and become part of a new family.

I ask for your prayers so that my case is resolved soon and I can live peacefully with my children.  Thank you for supporting all the people who are in a situation similar or even more extreme than mine.

Your friend,

Cindy

American Dream

La Idea del Sueño Americano Valió la Pena

Los Misioneros Oblatos trabajan en una extensa área en Tijuana, B.C., México, con más de 200,000 personas que viven en condiciones de pobreza, hacinamiento e insalubridad.  El número de personas puede ser abrumador en ocasiones, pero cada uno de ellos tiene una historia personal que contar.  Aquí presentamos una de esas historias de alguien que recibe ayuda de los Misioneros Oblatos.

Me llamo Cindy Milla y tengo 24 años de edad.  Soy de Honduras.  Me gusta pasar tiempo con mis hijos, que son toda mi vida y deseo que tengan éxito. A diario doy gracias a Dios por tenerlos. Me considero una persona bastante fuerte, aunque he caído y me he levantado varias veces.

Mis hijos tienen dos, cinco y nueve años y dejé mi país por ellos.  La situación en Honduras ocasiona que los niños se involucren en cosas malas por falta de oportunidades.  Los niños son secuestrados afuera de las escuelas y obligados a ser parte de pandillas. No quise arriesgarme a perder a mis hijos o a que se convirtieran en criminales. 

 En 2018, mi hermana y yo, junto con nuestros hijos nos unimos a la caravana de migrantes.  Tomamos un gran riesgo porque no teníamos dinero para pagar a alguien que nos trajera.  Me puse en manos de Dios para cumplir el deseo de una mejor vida y oportunidades para mis hijos.

Dormimos en las calles y acostábamos a los niños en plásticos. A menudo no teníamos comida ni qué beber y con frecuencia dejábamos de dormir cuidando a nuestros hijos.  Toda esa caminata fue extenuante, pero no nos dimos por vencidas.  La idea del Sueño Americano valió la pena.  Creíamos que los Estados Unidos sería una mejor oportunidad y era lo que queríamos para nuestros hijos.  Desde un principio Dios me mostró que Él estaba en control porque eventualmente llegamos a la frontera de Tijuana.

En Tijuana los Misioneros Oblatos nos recibieron en su parroquia y con ellos, los jóvenes del grupo  SEARCH fueron muy amables con nosotros, atendiendo nuestras necesidades. Recuerdo la primera noche en la que dormí en un colchón con mis hijos. No pasamos frío y nos sentíamos como flotando en el cielo. Con los Oblatos nunca nos sentimos lejos de casa ni como migrantes, solo sentimos su amabilidad y cariño. Como en familia.

Más adelante conseguimos asilo y cruzamos a los Estados Unidos. Actualmente estamos en el proceso de ser considerados para permanecer en los Estados Unidos y tenemos un año para que consideren el asilo. Tenemos un abogado que nos ayuda sin cobrar mucho. Sobrevivimos día a día y cuidamos a nuestros hijos. Quiero demostrar que podemos ser personas productivas en el trabajo. Solo deseamos una oportunidad.

Mi meta es que mis hijos tengan buena educación, un buen empleo y que tomen buenas decisiones en sus vidas.  Todo este proceso ha sido difícil tanto mental como económicamente, pero Dios me da fortaleza y me mantiene en la lucha. Tengo muchas personas a quienes agradecer, pero

antes que nada a Dios, porque nunca nos abandonó; siempre ha estado con nosotros, cuidándonos.

También agradezco a los Misioneros Oblatos por llegar hasta aquí.  Nos demostraron que no todas las personas son egoístas; que hay personas que ayudan desde su corazón sin esperar nada a cambio.  Recuerdo cuando estuvimos en su iglesia y lo que aprendí de ellos.  A través de los Oblatos, Dios nos dio un lugar para descansar y ser parte de una nueva familia.

Por favor pidan para que mi caso sea resuelto pronto y pueda vivir en paz con mis hijos.  Gracias por apoyar a todas las personas que están en una situación similar o incluso más difícil que la mía.

Su amiga.

Cindy